Bordón y tinta nueva

Santiago Moreno

Viaje a la realidad (III)

Señorita, ¿ha ingerido alcohol? / Agente, ni una gota en todo lo que llevo de noche / Ok, puede continuar y conduzca con cuidado.

Así, sin más, daba por finalizado un agente de tráfico un control de alcoholemia que se estaba llevando a cabo en el castizo barrio mejicano de La Condesa en D.F.

Yo, desde el asiento de atrás, aluciné con la vertiginosa forma que tuvo el policía de resolver el caso. Ni le obligó a soplar por el aparatito, ni presentar documentación..., sólo acerté a distinguir una leve inclinación del policía hacía nuestra conductora con la sutil intención de oler el aliento que podía desprender cuando ella bajó el cristal. Por lo tanto comenzó a parecerme de lo más aceptado la ingesta de alcohol hasta que dos policías, hace ocho días, estuvieron a punto de trasladarme a una comisaría y meterme entre rejas -según la ley hubieran sido 72 horas- por beber cerveza frente a la puerta de la escuela de baile de unos amigos.

Todo ocurrió muy deprisa. De un coche patrulla se bajaron dos tipos -ambos tenían el rostro característico de esos actores secundarios que siempre terminan mal en las películas- y sin presentarse me indicaron que lo que estaba haciendo estaba penado.

No podía creerlo. No estaba armando escándalo, ni tirado por los suelos..., únicamente bebía cerveza con un perrito caliente en la otra mano. Visto así no parecía un peligro para la sociedad pero lo que querían era la guita. Y sí que la soltamos: unos 150 pesos que mi compañero Malena dejó en una cabina de teléfono como si de una sucursal bancaria se tratara.

Hasta que regresé a Jerez pensaba que México estaba gobernado por el caos pero mi padre, ayer mismo y tras darme la bienvenida, me entregó una carta de la D.G.T: 200 euros tengo que abonar por obviar la I.T.V durante tres meses.

¿Saben que grité? ¡Viva México cabrones!

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