Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Sobre la animadversión a un jugador propio

HABRÁ que convenir en que la pitada sostenida del público leonés a cada intervención de Piqué es tan insólita como sorprendente, tan inaudita como contraproducente. Afortunadamente, la selección española no tiene compromisos cercanos en el suelo patrio y sería bueno que esta fiebre a caballo entre el nacionalismo y el ultramadridismo amaine. Y es que en caso contrario podrían acumularse demasiadas piedras en el tejado común.

Las celebraciones dan para muchos episodios que avergüenzan a toro pasado. La ingesta de alcohol hace que el perfil más gamberro de cada cual aflore y también que se suelten cosas que hasta ese momento estaban aparcadas en la sesera. Ya es sabido que el que borracho dice alguna inconveniencia es porque fresco la ha pensado. Además, en el caso de Piqué se da el añadido de que no oculta su deseo por una Cataluña independiente y eso no se le perdona.

Creo que al futbolista se le debe juzgar por lo que hace en el campo y nunca por lo que dice en la calle. Y Piqué no tiene un solo motivo de reproche en el campo porque es un futbolista descomunal que forma con Sergio Ramos la mejor pareja de centrales de toda la historia del fútbol español. La perfecta simbiosis de dos futbolistas que defienden pabellones tan antagónicos como los de Madrid y Barça es motivo de satisfacción, por lo que no es bueno arremeter contra ninguno.

Corren tiempos convulsos y sí que convendría pedirle a estos jóvenes ídolos que son espejos donde se mira tanta gente que fuesen más cautelosos con lo que dicen o hacen fuera del terreno de juego. Creo que es más fácil para la buena marcha de la cosa pedírselo a ellos que esperar que los públicos sean menos virulentos. Alguien dijo que el público tiene bastante menos de respetable que de monstruo sin cabeza, por lo que mejor será buscar el sentido común en el artista.

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