La tribuna

Francisco J. Ferraro. Miembro del Consejo Editorial del Grupo Joly

El año económico que nos espera

SI bien es un tópico que cuando se reúnen cuatro economistas hay al menos cinco opiniones, en lo relativo a las previsiones económicas para 2014 el nivel de acuerdo es bastante elevado: continuará la recuperación si no se produce alguna convulsión económica, pero será poco intensa, por lo que el empleo no aumentará significativamente. El desacuerdo se encuentra en las décimas de crecimiento previsto (inferior al 0,5% del PIB para la OCDE, la Comisión Europea y el FMI, del 0,7% para el Gobierno y del 0,9% del consenso de los analistas españoles), y su intensidad dependerá de factores internos, externos y de las políticas aplicadas.

En cuanto a los factores internos, la limitada recuperación viene determinada por la debilidad de la demanda interna, que supone el 79,5% del PIB. Los muy elevados niveles de desempleo y de endeudamiento familiar seguirán frenando la recuperación del consumo, mientras que éste, más el desapalancamiento de las empresas y las restricciones de crédito, limitarán también la recuperación de la inversión en maquinaria y bienes de equipo, aunque se espera positiva. En este contexto, las expectativas de consumidores y empresarios serán determinantes para que la demanda interna a lo largo del año mejore o empeore las previsiones.

La aportación del sector exterior ha sido decisiva para la recuperación de la economía española en 2013, pero sólo supone la quinta parte del PIB, por lo que, aunque sigamos aumentando las exportaciones, su impacto en términos de crecimiento será limitado. En cualquier caso, lo decisivo es cómo se comportan nuestros mercados de destino y, aunque en los últimos años se han diversificado los mercados de exportación, nuestra área preferente (63% del total de las exportaciones) seguirá siendo la UE, donde se ha desacelerado la recuperación en el segundo semestre del año.

En cuanto a la influencia de la política en las previsiones hay que distinguir entre la europea y la nacional. En el ámbito europeo se parte de la decepción sobre el acuerdo de la unión bancaria (a largo plazo y con muchas restricciones y condicionantes), y en 2014 se producirá un nuevo test bancario por el BCE, lo que genera algunas preocupaciones y está condicionando la restricción del crédito en España. También está por determinar si el nuevo Gobierno alemán aplicará una política económica más expansiva, aunque en el mejor caso será moderada, y si la elección de un nuevo Parlamento Europeo con más poder puede provocar conflictos institucionales.

En la política nacional lo determinante (no sólo para 2014, sino especialmente a medio plazo) será la continuidad de las reformas estructurales y el cumplimiento de los compromisos de consolidación fiscal (determinante de la confianza de los mercados y de que la prima de riesgo continúe reduciéndose), pero la debilidad política del Gobierno por los estragos de la crisis y los casos de corrupción está aumentando con iniciativas como el proyecto de ley de reforma del aborto o la ley de seguridad ciudadana, de donde se está derivando un debilitamiento de la tensión reformista y de los ajustes macroeconómicos a pesar de los propósitos explicitados. A estas restricciones debe sumarse que la deriva secesionista de Cataluña puede terminar cercenando la recuperación.

Andalucía, como el conjunto de España, ha salido de la larga recesión en el tercer trimestre de 2013, pero el impacto de la crisis está siendo mayor que en la media de las comunidades autónomas, y en una perspectiva de futuro nos enfrentamos a restricciones adicionales para la recuperación. Por el lado de la demanda, a una tasa de paro más elevada y a un mayor endeudamiento del sector familiar, lo que limita en mayor medida el consumo interno. Por el lado de la oferta las restricciones competitivas son mayores por la menor especialización en actividades abiertas a la competencia internacional e intensivas en factores de producción cualificados (tecnología y recursos humanos), por la menor densidad empresarial y por la escasez de empresas de cierto tamaño, aunque el extraordinario aumento de las exportaciones en los últimos meses pone de manifiesto el esfuerzo de extroversión de muchas empresas andaluzas.

Y también constituye una restricción adicional la política económica autonómica por su reticencia a abordar los ajustes y reformas estructurales imprescindibles, y por la desorientación estratégica. Ahora se anuncian decenas de planes estratégicos, lo importante es que haya algunas ideas claras que ponga en concordancia los objetivos con los medios, que se deslinde con claridad lo importante de lo urgente y que exista una dirección político-económica que afecte al conjunto de áreas de gobierno. Con todo, las modestas previsiones de la Junta de Andalucía para 2014 (un crecimiento del PIB del 0,3%) previsiblemente se podrán superar, aunque difícilmente generarán un aumento neto del empleo.

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