Alberto Núñez / Seoane

Esa cabreante tibieza

Tierra de nadie

Yfrustrante, e incomprensible, y perjudicial, y también cobarde. Así lo veo, así me subo por las paredes cada vez que leo la prensa -todos los días-, cada vez que escucho las noticias en la radio o cada vez que veo un informativo en televisión.

La indefinición es la pauta a la que se ha apuntado el Gobierno de España, en tiempos en los que la falta de criterio sea tal vez la peor de las carencias posibles.

Se me rayan las tripas, por ejemplo, cuando escucho a Artur Mas desafiar abiertamente al Estado de Derecho, proclamar que, para él, la Constitución -la Ley de leyes-, es papel mojado; alardear de que las normas democráticas que todos nos hemos dado -los catalanes también- no serán obstáculo para proclamar la independencia de la Autonomía que preside. Como me chirrían cuando incumple las sentencias del Tribunal Supremo en contra de la inmersión lingüística, privando a muchos ciudadanos de su derecho a aprender, usar y entenderse en la lengua oficial de la nación: el español.

Pero con mucha más fuerza me rechinan 'los rodamientos', cuando escucho a los máximos responsables del Estado, responder a estos vergonzosos exabruptos, con templados rodeos, con apaciguadas recomendaciones y melindrosas llamadas a la sensatez y la prudencia.

Una tibieza insultante: aún no he escuchado, ni a Mariano Rajoy, ni a la vicepresidenta del Gobierno, ni a ninguno de sus ministros, decir lo que tienen que decir. Han tenido que ser dirigentes como Rubalcaba: "si Mas plantea la independencia, nosotros -el PSOE- estaremos enfrente", Rosa Díez: "España tiene que utilizar el artículo 155 de la Constitución y eliminar la Autonomía catalana si el gobierno de Artur Mas promueve la secesión", o Felipe González: "no habrá independencia en ningún territorio de España". Así, así de clarito hay que decir las cosas y para los pies a los fantoches arribistas que pretenden proclamarse adalides de una libertad que traicionan cuando sus actos los descubren como pequeños dictadores exclusivistas rancios y cutres.

Una tibieza recalcitrante: ¿qué pasa con Gibraltar?, ¿por qué permitimos que impidan a nuestros pescadores faenar en aguas que nos pertenecen?, más cuando la propia Unión Europea ha reconocido el derecho de España sobre esas aguas. El Peñón, de acuerdo al famoso Tratado de Utrech que ponen como argumento para mantener la vergüenza de una colonia en el siglo XXI, no reconoce derecho alguno de Gibraltar sobre las aguas que le rodean.

Una tibieza vejatoria: ¿se acuerdan de "la posesa de Buenos Aires"?, ¿se acuerdan de aquellas declaraciones del ministro de Exteriores a propósito de la apropiación indebida, robo y ocupación a Repsol por el asunto IPF?: "Nuestra respuesta será clara y contundente", dijo el ministro… ¿clara?, ¿contundente?... ¿cuándo?, ¿cómo?... ¡amos anda!

Una tibieza indignante: la que el Gobierno ha mostrado con los asesinos etarras, facilitando la excarcelación de un criminal -ni arrepentido, ni perdonado- como Bolinaga. O la que hacen patente con su falta de apoyo -rotundo y taxativo- a las Fuerzas de Seguridad ante las continuas y planeadas agresiones que sufren por parte de los grupos violentos organizados, que revientan una y otra vez las manifestaciones pacíficas de los ciudadanos. O la que lastima la sensibilidad de cualquiera de los muchos que cumplimos con la Ley cuando vemos como quedan impunes las fechorías y los actos delictivos de protervos payasos como Sánchez Gordillo y su cohorte de facinerosos.

No, señores, así no. Rajoy siempre nos ha dicho -¡ha dicho tantas cosas…!- que su Gobierno "sabe lo que tiene que hacer". Yo, creo que no lo sabe, pero si lo supiese, lo que tengo claro es que no sabe cómo hacerlo y, si también supiese "el cómo", entonces, simplemente, es que no se atreve a hacerlo.

No es momento para vaguedades, ni para promesas -ese ya lo disfrutó-, ni para declaraciones institucionales -ese lo está disfrutando-. Es tiempo para actuar. Los hechos son, ahora, lo que importa; en todos y cada uno de los trascendentales frentes que tiene abiertos. ¡Déjese ya te medias tintas, de "intenciones" y de estériles tibiezas, que nos tienen muy, muy cabreados!

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