Un coro de pelotas

06 de enero 2026 - 03:04

Miedo me dan los planes que tiene para España esa derecha, que aplaude la intervención ilegal de Donald Trump y sus muchachos en Venezuela, y que parece encaminada a gobernar el país a la vuelta de un par de años como mucho. Miedo me da la ovación de PP y Vox al golpe al derecho internacional que ha perpetrado un presidente norteamericano que dice haber acabado con un dictador que manipuló los resultados electorales (ambas cosas son verdad) pero olvida que él mismo mandó a sus partidarios a asaltar el Congreso por no aceptar el veredicto de las urnas en los Estados Unidos hace cinco años. Temor me infunde su indiferencia ante el desparpajo con el que el mandatario proclama que dirigirá los destinos de Venezuela desde Washington hasta que a él le parezca bien, y que con total impunidad anuncia que serán empresas de su país las que explotarán y comercializarán las ingentes reservas petroleras venezolanas, que yo pensaba, ingenuo, que pertenecían a Venezuela.

No me sorprende la actitud del presidente estadounidense al hacer hincapié en el dinero que va a reportar el control del oro negro expoliado, y casi no nombrar los derechos humanos, respaldado en su comparecencia ante la televisión por sus repeinados y fieles lugartenientes. Me preocupa mucho más que partidos españoles a los que se le rompe la boca de tanto proclamarse patriotas vitoreen a los que quieren ensanchar la suya a costa de las demás.

Probablemente Maduro se merece su destino personal por su presunta implicación en negocios turbios y su nefasta gestión al frente de Venezuela, y ninguna consideración por su situación, pero es más dudoso que un país entero se merezca de pronto ser gobernado como una colonia y por los dirigentes que el emperador designe desde su residencia de millonario. ¡Sorpresa! ahora resulta que no le gusta María Corina Machado para ese cometido, tal vez porque se atrevió a ‘robarle’ el Premio Nobel de la Paz que consideraba suyo y para el que, sin duda, está haciendo cada vez más méritos. Vista la reacción, también, de los grandes líderes mundiales, el próximo en ir a recoger la medalla al ayuntamiento de Oslo será sin duda él.

Temblamos ante lo que puede hacer todavía este bravucón megalómano rodeado de pelotas en Washington y en muchas cancillerías mundiales, calladas ante tamaño desatino, cabezas gachas ante el omnipotente despliegue y ante la evidente dependencia armamentística del coloso de las barras y las estrellas. La derecha se contenta y, ciega de ganas de gobernar, proclama que la acción de Trump es una mala noticia para Pedro Sánchez, sin querer ver contra quiénes van los tiros en realidad.

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