EL Gobierno de la nación y las comunidades autónomas han optado por la prudencia al no retrasar el inicio del curso escolar a causa de la epidemia de gripe A que desde hace meses se ha extendido por numerosos países. Es cierto que el número de contagios se ha incrementado en un 25% en una sola semana y que el virus H1N1 está demostrando una enorme capacidad de propagación, pero también lo es que estamos todavía hablando de la existencia de 53 casos por cada 100.000 habitantes y que, aun dentro de esta escasa morbilidad, la cifra de víctimas mortales apenas alcanza las tres decenas, en numerosos casos personas afectadas por otras enfermedades. Esto no quiere decir que haya que bajar la guardia y dejar de adoptar medidas preventivas, sino que es necesario rehuir la alarma y afrontar esta patología tan mediática con firmeza y sensatez . Los ministros de Sanidad y Educación y los consejeros de las comunidades autónomas han sido unánimes en apostar por esta vía, difundiendo consejos a los ciudadanos, encargando las vacunas necesarias -que cubrirán al 60% de la población, en su caso- y preparando los sistemas hospitalario y educativo para un hipotético agravamiento del estado actual de la pandemia. Es lo lógico y razonable: prepararse para el peor escenario posible y, mientras tanto, hacer caso a los expertos sobre las medidas a tomar. Los expertos coinciden en que la gripe A es más contagiosa que la gripe estacional, la que nos azota cada invierno, pero más benigna. Así lo ratifican las estadísticas. Baste decir que la cifra de fallecidos en todo el hemisferio sur desde que se detectó el virus es netamente inferior a la que provoca la gripe estacional sólo en nuestro país. La Organización Médica Colegial ha creído oportuno explicar esta situación admitiendo que tal vez un tercio de la población mundial termine siendo afectada por el virus H1N1, pero matizando que el 95% de los casos serán leves y se resolverán con el medicamento adecuado entre tres días y una semana de diagnosticarse. Como cualquier gripe común. La alarma, concluyen los colegios médicos, está completamente injustificada. Así pues, tomemos las precauciones conocidas, sigamos las recomendaciones de las autoridades y confiemos en que éstas actuarán con todos los medios a su alcance si la evolución de esta epidemia, por ahora de menor rango, aconseja medidas más extremas. No hay motivos objetivos para caer en el pánico.

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