Hasta que duelan las manos

08 de febrero 2026 - 03:06

Este desplante de la naturaleza, tan a la tremenda, nos está dejando exhaustos, pero aquí seguimos, aunque todo se vea más frágil desde que el cielo empezó a derramarse entero. Mientras esperamos a que vuelva a salir al sol -que saldrá, eso no falla- las voluntades, algunas certezas, esa paz invisible e inadvertida que solemos respirar y hasta los pensamientos parecen licuarse y se filtran por las muchas grietas que ha dejado al descubierto la tormenta. En Grazalema el agua brota salvaje de los enchufes, revienta las paredes de las casas blancas y abre las costuras de la montaña ante nuestra mirada estupefacta y por momentos incrédula. Cuesta admitir que la roca inexpugnable de la Sierra esté dando señales de ahogamiento, es difícil ponerse en la piel de quienes de un momento a otro han tenido que huir de su pueblo dejándolo todo atrás sin saber siquiera cuando van a dejar de rugir las piedras bajo sus pies.

Las proporciones de lo que está ocurriendo se entienden mejor con los números, tan tercos como honestos: la mayoría de los embalses de la cuenca se encuentran al cien por cien de su capacidad y aliviando agua a toda máquina; más de dos mil personas han sido evacuadas en la Vega del Guadalete y otras mil seiscientas en Grazalema, donde en apenas dos días llovió tanto como durante un año entero en La Coruña; las aguas galopan desbocadas, asfixiando hectáreas de tierra a su paso, dejando tras de sí decenas de carreteras mutiladas, hasta siete mil vecinos de la zona rural de Jerez aislados, el tráfico ferroviario interrumpido… La riada nos ha dejado desnudos, nos ha metido el frío en los huesos y puede que haya venido a recordarnos lo vulnerables que realmente somos, pero también nos ha permitido hacer una demostración de fortaleza y hermandad.

Parece un milagro que con la magnitud de este temporal no estemos hablando de una gran tragedia, de pérdidas mucho más allá de lo material, pero Andalucía lo ha vuelto a hacer. Toca aplaudir hasta que duelan las manos a Bomberos, Guardia Civil, Policía Nacional, Cruz Roja, Protección Civil, UME, voluntarios y vecinos anónimos que han trabajado, que siguen trabajando a destajo para evitar que la corriente se lleve por delante lo insustituible. Andalucía ha dado un ejemplo otra vez de cómo plantar cara una emergencia y ha vuelto a taparle la boca a los que aún nos quieren pintar como una tierra de jarana y poco más. Y que conste que volveremos a divertirnos, pero antes hay que limpiar todo esto.

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