La esquina

josé / aguilar

La encrucijada de UGT

EL comité extraordinario que UGT Andalucía celebra pasado mañana se enfrenta a un crucial dilema para superar la crisis más grave que ha sufrido el sindicato socialista en su historia reciente: continuidad o ruptura. O se pacta una nueva dirección que cuente con el reglamentario apoyo de dos tercios de sus miembros o se elige una comisión gestora que organice un congreso extraordinario.

La primera opción, la más conservadora, supondría consagrar la tesis de la dirección saliente de que la central ugetista ha cometido errores puntuales en la gestión de las ayudas millonarias concedidas por la Junta de Andalucía en el marco de los acuerdos de concertación social, errores que considera insuficientes para cuestionar la justeza de esta política y la legitimidad del propio sindicato.

Esta es la salida lampedusiana, cambiar algo para que todo siga igual, la preferida por la federación con más afiliados (la que agrupa a los funcionarios y empleados del sector público). Es la federación que más influencia ha tenido en los últimos tiempos en UGT-A y la más vinculada al poder político socialista, lo que equivale a decir que es la agrupación de intereses que ha dirigido el sindicato y le ha privado de autonomía con respecto al PSOE y a la Junta.

La otra opción es la ruptura con el pasado. Tiene el inconveniente de que mete a la organización en un vértigo de incertidumbres, desestabilizaciones y luchas internas a resolver en un congreso extraordinario impelido a una renovación profunda. ¿Un salto mortal sin red? No tanto. La mejor red de seguridad contra el vacío es la propia historia de casi siglo y medio de defensa de los trabajadores y la honradez de unas bases que exigen ser oídas y participar en la decisión. Significaría un proceso re-constituyente en un doble sentido: sentar las bases de una UGT propia del siglo XXI y vigorizarse con el reconstituyente de una catarsis liberadora. Pura medicina.

Si a mí me preguntaran -que no me van a preguntar- qué hacer, les diría a los amigos de UGT-Andalucía que eligieran la ruptura. Produce más zozobra y turbulencia y deja víctimas en el camino (los que han mandado hasta ahora), pero cura y corta de raíz un mal que no es puntual ni menor, sino estructural y grande: la corrupción en el uso de fondos públicos por una casta que ha malversado la credibilidad del sindicato. UGT necesita un purgante, no un lenitivo. Por seguir con la medicina...

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