Antes de que las fotos envejezcan
Nos sentimos víctimas de una tragedia que arrebata aleatoriamente la vida de gente corriente por la casualidad de un viaje de trabajo, unas oposiciones, un encuentro amoroso, una excursión con hijos y familiares o una cita médica. Nos desconcierta por igual, que alguien logre salvar la vida de un modo no menos aleatorio o predestinado: un billete que se pierde, un contratiempo de última hora, una repentina indisposición, un cambio inesperado. Sí, en todas las catástrofes hay quien muere y quien se salva de chiripa y eso nos hace preguntarnos si, nuestra vida, todas las vidas, están ya escritas de antemano.
Pasarán los años y los familiares de los que perecieron en el desastre se sentirán solos, dejarán de ser portada, se convertirán en parte de un mortificante proceso judicial que no les permitirá enterrar a sus muertos en años y que al final, muy al final, les entregará unas monedas que nunca compensarán su sufrimiento. En sus casas, en la intimidad de su dolor, verán envejecer las fotos de los que se fueron de una forma extraña, inalterables al paso del tiempo, antiguas, fosilizadas mientras la vida continúa con su pena profunda y su miedo al olvido. Cada vez que los informativos cuenten que, en algún lugar del mundo, alguien ha sufrido otro cruel arrebato del destino renacerá su angustia y se alimentará su dolor. Los que lograron salvarse tendrán una anécdota que contar, al principio, muy asombrados y, ya después, con cierta rutina, como si lo hubieran merecido y se hubieran salvado por sí mismos del desastre. En los primeros días creerán que han nacido de nuevo, que son una persona distinta, que van a vivir con mayor intensidad hasta que se den cuenta de que, aquello que pasó, ha sido sólo un truco, un espejismo, acaso nada. La sociedad andará pendiente del nuevo escándalo y periodistas, tertulianos y políticos dejarán de ejercer de ingenieros para volver a la suciedad diaria y cotidiana.
Rezaré por lo aleatorio, pero antes de que las fotos envejezcan clamo contra los responsables. Porque yo no veo arrepentimiento sino exculpación. Qué hubiera pasado si no hubiera habido corrupción en el Ministerio de Transportes. Si no se hubiera contratado por enchufe. Si las mordidas se hubieran destinado a prevención. Si se hubiera hecho caso a los maquinistas. Si se hubiera atendido al desastre continuo de retrasos y averías. Si las auditorias no se hicieran para salvar el culo.
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