Desde mi córner

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

El fútbol no necesita Tebas y a Rubiales

Jornada espectacular a pesar de esa bicefalía que no para de incordiar en un sin sentido ridículo

Anda el fútbol esperando cola en el notario para que se firme el divorcio entre la Federación que lo aglutina y la patronal. Por si hubiese peligro de aburrimiento han llegado a sus puentes de mando dos personajes atrabiliarios y poco dispuestos a remar juntos en la misma dirección. Que Rubiales dice coles, Tebas responde que puerros y así discurre la cosa, como empeñados en alcanzar la meta cantando el Aleluya de Cantinflas.

Cada uno con la suya y al fútbol que le vayan dando por do más pecado hay. O sea, por el mismo sitio que Setién le urgió a los que no estaban conformes con la actuación de Francis. Hasta llegó el entrenador a largar unas lágrimas en conferencia de prensa por la crueldad de unos espectadores que no repararon en que el futbolista pudiera ser hijo de ellos. Pidió disculpas, pero está cayendo pasto de los ventajistas que han levantado una montaña de un simple grano de arena.

Paralelamente y por eso mismo de la pujanza, el domingo alboreó con la mayor goleada que el Sevilla ha logrado de visitante en su historia. Aparte de la posibilidad de hacer socio honorario al portero del Levante, la pegada del Sevilla fue descomunal para mayor gloria de un Ben Yedder que ha sabido voltear aquella infausta tortilla que le supuso cierto penalti en tierras ignotas cuando agosto estaba en su apogeo. Y es que quien tiene el duro, mejor dicho el euro...

Luego el Betis para un más de lo mismo con la cosa de la superioridad en tiempos de posesión y que no apareció hasta la expulsión de Susaeta. Se da la circunstancia de que los tres goles logrados en lo que va de curso fueron tras la expulsión de un contrario y eso dice algo. Por lo demás, a pensar en un Girona que dio la sorpresa de la jornada y a esperar a un Real Madrid que estuvo a pique de un repique casero. Esto no para, señores Rubiales y Tebas, cállense que no vemos.

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