Tribuna cofrade

Juan Manuel Salguero Salguero

Titulado Superior en Composición por el Conservatorio Superior de Música “Manuel Castillo” de Sevilla. Máster en * Investigación y Análisis del Flamenco por la Universidad de Cádiz.

100 años de la marcha fúnebre Cristo de la Expiración (1921)

Don Germán Álvarez Beigbeder. Don Germán Álvarez Beigbeder.

Don Germán Álvarez Beigbeder.

El próximo mes de julio se cumplirán cien años de la marcha fúnebre Cristo de la Expiración, considerada el himno de la Semana Santa de Jerez. La obra fue compuesta por el insigne músico jerezano Germán Álvarez Beigbeder, fundador y director de la Banda Municipal de Música de Jerez y autor de numerosas marchas procesionales tales como Desamparo, Amargura o Mayor Dolor.  

Germán Álvarez Beigbeder, obtiene una plaza como Músico Mayor de Infantería de Marina en el Regimiento Expedicionario de Larache (Marruecos), según recoge la noticia La correspondencia de España del 09 de abril de 1913. Después de varios destinos como El Ferrol y San Fernando, regresa a Larache el 13 de julio de 1921. Es allí, en tierras africanas, donde compone la marcha Cristo de la Expiración.

Hasta la fecha, había compuesto una decena de marchas procesionales. Seis de ellas de corte fúnebre, con líneas melódicas sobrias y armonías cargadas de disonancias y cromatismos. Estos rasgos se pueden apreciar en marchas como Al pie de la Cruz, Ntra. Sra. de la Soledad o Memoria eterna. Sin embargo, Cristo de la Expiración contiene elementos y rasgos musicales que la hacen única y diferente al resto de marchas. Este cambio en el estilo, podría ser fruto de sus orientación en los estudios de la Composición con el músico y folclorista Manuel Manrique de Lara, con quien convive en Larache. El propio don Germán así lo hace saber en una entrevista en la revista El Santo Escapulario en 1957.

Sin profundizar en aspectos compositivos, la obra contiene algunas influencias nacionalistas representativa de la Generación de los Maestros. El uso de la modalidad en un contexto tonal, tal como se aprecia en los primeros compases de la marcha, establecida en el modo de Fa flamenco. Una sonoridad llena de células y motivos de la estética andaluza y la introducción de elementos formales como la saeta en los últimos compases de la obra.  

Pero, ¿Qué motivos le llevaron a don Germán a componer esta marcha? La respuesta posiblemente la encontramos un año antes. El Viernes Santo de 1920, Germán Álvarez Beigbeder, al frente de la Banda de Infantería de Marina de San Fernando, cerraban la comitiva de la Cofradía del Cristo de la Expiración. Según recoge El Guadalete del 04 de abril de 1920, “El paso de la procesión por la plaza de Belén, resultó tan conmovedor y lucido como siempre. Les fueron vueltas las imágenes a los presos, que cantaron infinidad de saetas… Ante los círculos La Peña y Taurino, permaneció detenidas la procesión por espacio de cerca de una hora, cantándose por varios profesionales gran cantidad de saetas en medio de verdaderas ovaciones” 

Por tanto, podríamos pensar que estas vivencias pintoresquistas inspiraron a don Germán a plasmarlas en el pentagrama. La marcha fue estrenada el Viernes Santo de 1922 durante la procesión del Cristo, con grandes elogios. El acompañamiento musical estuvo a cargo de la Banda de Música del Hospicio Provincial, dirigida por Anselmo Apolo.  

La marcha Cristo de la Expiración abre una etapa en Germán Alvarez Beigbeder hacia una regeneración del estilo nacionalista andaluz, al que ya tuvo un acercamiento con Sevillanas y Soleares (1913), continuando posteriormente con Impresiones españolas (1923), Campos jerezanos (1928) o Sinfonía en Mi menor “Rincón Malillo” y finalmente con trabajos de recuperación de la música popular como Navidad (1933) Romances de la Sierra de Cádiz (1940) junto al poeta Pérez Clotet o los apuntes Canciones recogidas en Arcos de la Frontera, hallados recientemente.

La partitura manuscrita de Cristo de la Expiración se preserva en los archivos de la Hermandad del Cristo de la Expiración de Jerez de la Frontera. En ella, encontramos la firma del autor y el lugar y fecha de la composición, Larache, julio de 1921. Contiene además la dedicatoria a la Hermandad del Cristo de la Expiración de Jerez de la Frontera.

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