Tanta hambre

11 de enero 2026 - 03:08

Ahora que todos estamos saturados de comidas, fiestas y regalos; de noticia funestas, tiranos y gobernantes locos; de la rutina que nos salva y nos condena; se me viene a la cabeza una frase de Curro Romero: “¡Qué difícil es comer despacio cuando se tiene hambre!”. Sirve para la comida, para el trabajo, para el amor, para la guerra, para la lectura, para el pensamiento, para las búsquedas y las huidas. Una frase que siempre tiene sentido. Una profunda e incontestable verdad. Una sentencia.

Qué sería de nosotros sin la sabiduría honda y natural de los toreros, sin su manera de parar, templar y mandar en la vida sabiendo que, en cualquier momento, se puede venir la muerte, tan callando. Nadie sabe más que un torero viejo que ha vencido a la muerte y a la vanidad y al triunfo y al fracaso tarde a tarde, temporada tras temporada. Un torero encanecido que se retira a su casa para soñar la faena que no hizo porque la vida siempre está por hacer incluso cuando aparentemente ha terminado, más en los toreros que se convierten en leyenda.

La inteligencia artificial le debería preguntar a los toreros cómo se hace para vivir y sentir de veras. Le contestarían de forma espartana porque los toreros son de contadas palabras y largos silencios. Responderían, estoy segura, con una sola frase enigmática y rotunda como un estatuario. Porque se sabe que los toreros dominan las suertes, todas, y también las palabras justas envueltas en seda o en percal. Palabras capaces de parar el mundo. Los toreros son poetas en el manejo de los tiempos. Tienen ritmo, cadencia y misterio. Qué otra cosa es la poesía.

Bueno, decía al principio que se me ha venido a la cabeza la frase aquella de Curro, de que es difícil comer despacio cuando se tiene hambre, porque yo no sé comer despacio ni demorarme. Parezco un torerillo principiante en espera de su gran oportunidad, soñando con torear al fin en una gran plaza, con poder retirarme un día tras una legendaria trayectoria. Tengo hambre a todas horas. Hambre de Morante, hambre de El Paula, hambre de primavera, hambre de azahar, hambre de la luz de Sorolla sobre el mar, hambre de poesía verdadera, hambre de un peliculón, hambre de una iglesia vacía, hambre de ternura, hambre de amigos, hambre de paz. Hambre de tener hambre. Si alguna vez me escondo en casa, no es por desgana, es por ansia. Porque no sé comer despacio teniendo tanta, tanta hambre.

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