Jerez: nombres propios en el cartel de la Semana Santa 2023

30 de enero 2023 - 05:40

Miguel Ángel Segura descubriendo su cartel de la Semana Santa.
Miguel Ángel Segura descubriendo su cartel de la Semana Santa.

El 27 de junio del año del Señor de 1930, Joaquín Romero Murube -quien describió como nadie la lección y soledad del nazareno- publicó en ABC un artículo -nimbados sus párrafos de “un cierto bienestar efímero”- con frase que hoy saco a colación: “Había la calma, el reposo y el silencio de la tarde de Jueves Santo”. Esta afirmación nos viene que ni pintiparada. Me lo dicta la sabiduría infusa de la sangre del cofrade que late sobre el lienzo del cartel de la Semana Santa 2023. La obra de Miguel Ángel Segura ha dejado un final abierto de libre arbitrio para la interpretación de cada quien. Los finales abiertos -síntoma de inteligencia- son propios de autores de veras creativos y de público selecto. Pregunten, si no, en materia del séptimo arte, a cinéfilos por ‘El resplandor’, ‘Los renglones torcidos de Dios’, ‘Blade Runner’ o ‘No es país para viejos’. A todos deja la sesera cavilando -y no vacilando-. O, en el terreno novelístico, a lectores consumados -y no consumidos- ante ‘Muerte de la luz’ de George R. R. Martín, ‘Soy leyenda’ de Richard Matheson o la celebérrima obra de Margaret Mitchell ‘Lo que el viento se llevó’.

Uno de los cuadros que cuelgan de las paredes del salón de mi domicilio particular lleva la firma impresa de Miguel Ángel Segura. La pintura por descontado no queda apresada en la cuadratura que enmarca esta obra de arte cuya dimensión enseguida abandona los parámetros de lo humano para habitar ya para siempre en la unción de lo divino. Mayor perfección artística no cabe. Se trata de la cabeza del Señor de la Vía-Crucis -un rostro que al punto me sé de memoria-, sin potencias, casi a tamaño natural, y de rasgos y expresividad calcados al original. Jamás podré agradecer suficientemente -ni yo ni mi familia- al destacado abogado y hermano y amigo personal Luis Prieto Enríquez este regalo de boda que tanto sigue dando de sí de entonces acá (como un evangelizador concierto barroco de tambores y sonajas según las andariegas mudanzas de nuestro corazón).

El final abierto -nunca cortina de humo sino cosas veredes- del cartel de la Semana Santa 2023 es de libre elección personal. Y, por ende, constituye una piedra preciosa innominada por nadie. Ya lo confirma Antoine de Saint-Exupéry en ‘El principito’: “Cuando tú encuentras un diamante que no pertenece a nadie, te pertenecerá a ti”. La interpretación personal del anuncio cromático de la próxima Semana Santa constituye ese diamante que es -como para William Marçais su jardín- “un anticipo paradisíaco”. El Señor de la Sed frente al Cristo de la Lanzada pronto me brinda un censo de nombres propios -tanto vivos como muertos- de chapeau y sombrerazo. En el cartel de Segura gravita la exquisita educación de Rafael Navarro Núñez, aquel hermano mayor que hizo de su sencillez virtud. Joaquín Baro de Alba toreando la vida con la espada baja de su maletín negro y aquella gabardina que, como la realidad que escribiera el sacerdote José Luis Martín Descalzo, “siempre fue más ancha que nosotros”. Todas las hermanas del Ojo Sánchez porque son benditas ramas que al tronco salen: esto es: al padre y autor de sus días capaz de emocionarse, mientras se viste de nazareno, escuchando la marcha ‘El Cristo de la Lanzada’ de Rafael Márquez Galindo.

El cartel de Segura es Antonio Rodríguez Segovia firmando actas de secretario en la primera parte de la década de los ochenta y José Manuel Rodríguez limpia que te limpia plata a comienzos de los noventa. El cartel de Segura es un nazareno ejemplarizante, con cruz a cuestas, de apellido Calderón allí donde nadie lo ve. Y es Antonio Iborra Barredo de chaqueta cruzada y amabilidad sin coto. Y es Ildefonso González González. Y es familia Lledó -¡qué alegrón me diste, Jaime, este pasado viernes en la Atalaya!-. El cartel de Segura también es…

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