Felipe Morenés

Se mueren las liebres en los labrantíos

Tribuna libre

13 de noviembre 2018 - 08:08

Liebres son lepóridos pertenecientes al género Lepus. Las liebres se clasifican en la misma familia que los conejos. Son similares en tamaño y forma a los conejos y comen la misma dieta. Son generalmente herbívoros y de orejas largas, son corredores rápidos, y típicamente viven en solitario o en parejas. Las especies de liebre son nativas de África, Eurasia, Norteamérica y el archipiélago japonés.

Una liebre de menos de un año de edad se llama un lebrato. El sustantivo colectivo para un grupo de liebres es una 'manada'.

Una liebre asustada puede cubrir de un salto 3 metros con facilidad, y una vez en el suelo, puede saltar en ángulo recto para confundir a su perseguidor.

Esta es la definición de la liebre que nos ofrece Wikipedia.

Según los aficionados a las carreras de liebres con galgos es ésta:

Quien le da un tiro a una liebre debía estar ‘condenao’

Que una liebre se avasalla

Con dos perros ‘acolleraos’

Y si se va, que se vaya.

Según el cazador romántico:

Le di un tiro a una liebre en una mata ‘escondía’

Yo vi que, en su agonía, daba calor a sus crías

Madre, ya no voy más de cacería

Según el poeta andaluz Fernando Villalón Daoiz:

Bola de seda en el barbecho

Y así muchas más cosas sobre las liebres en la poesía, en la literatura, en el deporte etcétera.

De pronto, sin más avisos, una enfermedad incurable esta arrasando con las liebres y amenaza con hacerlas desaparecer, no solo en la Península Ibérica, sino en Europa. La mixomatosis de los conejos ha pasado a las liebres.

Cuantas cosas desaparecerán con su extinción. Incluso riqueza, pues los campeonatos de galgos, los cotos de caza para correr liebres que pagaban rentas a los propietarios de fincas, etcétera. Las casas fabricantes de piensos, los medicamentos y un largo etcétera. Los transportes, los hoteles y restaurantes de las grandes concentraciones para campeonatos.

La muerte de la liebre es una catástrofe de gran calado. Y no se le adivina una solución a corto plazo por medio de vacunas, medicinas ni otro remedio.

El campo sin liebres pierde un gran atractivo, un habitante bello, alegre y codiciado.

Nuestra naturaleza se muere con rapidez. Están desapareciendo los alcornoques y las encinas por culpa de un virus llamado la seca y por un gusano que horada sus troncos hasta hacerlos morir.

Las tunas (chumberas) están siendo extinguidas por una enfermedad llamada la cochinilla que las seca y muere.

Las palmeras con el picudo rojo han desaparecido en casi su totalidad. Eran un signo característico en el paisaje de los cortijos y los pueblos de Andalucía.

Los conejos casi han desaparecido de los campos y dehesas con el efecto pernicioso de que de ellos se alimentaban rapaces y alimañas que también están viendo reducidos sus efectivos por falta de sustento.

Las perdices rojas autóctonas mueren y han desaparecido en muchos lugares, a causa de enfermedades infecciones transmitidas por las perdices de granja que son soltadas para solaz de los cazadores y buenos ingresos para los propietarios de fincas.

Todo esto es una gran tragedia que va transformar nuestros campos y nuestras dehesas. Cambiara la fauna y la flora. El paisaje será distinto y desolador en las dehesas casi despobladas de árboles Quercus (ilex y súber). El corcho es una producción forestal que sostiene la economía de grandes áreas boscosas de la península Ibérica y Marruecos , que también se verá perjudicado.

No sé qué medidas se pueden adoptar para frenar estas catástrofes medio ambientales. Quizás no las haya. O estén aún por descubrir. Desde luego, lo que es innegable es que es preciso cuidar, mimar, proteger nuestro medio natural. Si no lo hacemos, las generaciones que nos sucedan padecerán las consecuencias. El hombre, el ser humano, es el mayor depredador de la naturaleza y el que más daño le hace.

Escribo estas líneas entristecido; mi vida ha discurrido y discurre en el campo y en las dehesas, rodeado de una naturaleza que, como comento, está padeciendo graves injurias. Hay que hacer algo para protegerla.

Sin alarmismos ni políticas estériles, gravosas y exageradas. Pero hay que tomar conciencia y actuar. Esto es una tarea de administradores y administrados. Con una sensibilización colectiva para preservar el medio ambiente, la flora y fauna.

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