Tierra de nadie

Alberto Núñez Seoane

No podemos decir que sí

Ni podemos decir que sí, ni podemos no decir nada, ni podemos tampoco hacer como que nada hemos escuchado. Las cosas pasan siempre por alguna razón, y las que no llegan a pasar es porque alguien se encargó de que así fuese.

Ya no es ninguna “broma” -hace tiempo que dejó de serlo-, no se trata tampoco de la grotesca bufonada de unos mediocres sin más expectativas, aupados al poder por esas cosas que a veces llegan a pasar porque nadie hizo lo que debía para que así no fuese, con mucha pena y ninguna gloria, para desgracia de nuestro hoy y lastre de lo que quisiera que hubiese podido ser un mañana que, de modo inevitable, será ya diferente, y para mucho peor.

No valen excusas, ni argumentos a destiempo, ni valdrán lamentaciones mañana o rasgue de vestiduras al alba que llegue después; lo que si vale es actuar, y hacerlo en el tiempo que toca.

Nos están avasallando, nos están reprimiendo, nos están tratando de hacer callar, no nos dejan pensar del modo que queramos, castigan el decir lo que creemos si esto no les conviene. Denuncian al disidente, amordazan al contrario, amenazan al inconveniente, escarmientan al disconforme, expulsan al divergente, reprimen al que discute, castigan al discrepante; ¡esto, se ha ido de madre!

Ni en los peores augurios llegué, ni de lejos, a pensar como posible lo que hoy está sucediendo como real en España. Nací en 1953, así que hasta 1978, año de la firma de la Constitución que nos sacaba de las tinieblas de la represión parar abrir las puertas a la luz, tuve años, tiempo, experiencias y certezas parar saber de dónde veníamos y comenzar a descubrir hacia dónde íbamos. Supe como vivíamos, lo que de bueno había y lo que de malo aquello tuvo. Nadie me contó, o mejor, muchos me contaron, pero no me hizo demasiada falta, porque pude conocer, en persona, años cruciales en los que nuestra nación salvó una de las peores amenazas que se han cernido sobre ella. En otras ocasiones, como en 1936, no fue posible, pero en 1978 si lo fue.

Ningún rojeras de nuevo cuño me puede dar lecciones de nada en ese aspecto. Sé de lo que hablo, supe de “los grises”, de la “Brigada Político Social”, de carreras, guantazos, golpes, palos, y detenciones, de miedo, mucho miedo, de tensión y de angustias. Muchos de los imbéciles que van por ahí con el puño en alto pagarían por tener mi currículo entre 1969 y 1975, presumirían en sus asambleas y les serviría para ascender en la escala de poder de sus partidos; así que lecciones, en esto: ¡ni poco!

Hablo, hoy, ahora, de una situación muy grave, no tanto por lo seria que pudiese parecer ahora, si no por las impredecibles, por nefastas, consecuencias que se puedan derivar de ella mañana si no hacemos lo que haga falta parar evitar que esto continúe por el mal, malísimo, camino por el que va.

Me importan, ahora, nada, el presidente, su reata de mediocres, la recua de inútiles de los que se ha hecho rodear, sus palmeros y los cobardes que no hablan ni se mueven parar seguir saliendo en la foto, ni los borregos que continúan permitiéndole seguir haciendo lo que hace. Lo que si me importa y me preocupa y me afecta y hasta me asusta, lo que no puedo callar ni consentir ni permitir, es lo que esta parva de inmorales, rastreros y mezquinos, obsesivos e insidiosos están haciendo, nos están haciendo. Ya, sin excusas inventadas, ni a escondidas, ya sin tapujos ni cortinas de humo, de frente y a las claras ¿Qué de qué estoy hablando?, ¿qué a qué me refiero?, ¿pero es que no leen, no escuchan…?, ¿pero es que no se enteran de lo que estamos viviendo, es que no se dan cuenta de lo que está pasando…?

Pues está pasando lo peor que puede empezar a pasar para que acabe por pasar, definitivamente, lo peor. No es un trabalenguas, es una temible, inaceptable y muy peligrosa realidad.

Ya no les da vergüenza imponernos lo que podemos o no podemos escribir, ya no se alteran censurando a las cadenas privadas - pri-va-das- de televisión -imaginen lo creíble que pueda ser la cadena pública, RTVE-; es que reclaman espacios parar ser ellos los que den las noticias de lo que ellos hacen. Es que, después del engendro de ley que está sacando de la cárcel a violadores, pederastas y otros monstruos sexuales, quieren que los medios de información no informen de estas excarcelaciones, “parar no crear alarma social…” ¿Se lo creen?, pues da igual que lo crean o no, está sucediendo

La inmundicia en la que este gobierno está convirtiendo la democracia confirma que el secuestro de la libertad sigue su hoja de ruta. Se compra la información, y si no pueden, inventan otra distinta; se reclutan lameculos vestidos de periodistas que desinforman, tergiversan, mienten y engañan; se acosa, amenaza, denigra y ataca al disidente.

Esto no es una circunstancia, es un ataque, en toda regla, a los pilares de nuestra libertad. No podemos decir que sí ni podemos seguir así.

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