Más populismo

Sánchez lo usa todo, sin escrúpulo alguno: convierte la investigación penal a su esposa en una palanca electoral

Pedro Sánchez, junto a Begoña Gómez, su esposa, en el reciente mitin del PSOE en Benalmádena.

Pedro Sánchez, junto a Begoña Gómez, su esposa, en el reciente mitin del PSOE en Benalmádena. / Jorge Zapata · Efe

EL lema electoral –“Más Europa. Más PSOE”– elegido por el partido del presidente del Gobierno para concurrir a las elecciones europeas es una declaración de intenciones: una asunción de que la designación de los 61 diputados españoles en la Eurocámara la plantean como un plebiscito. A la vista del desarrollo de la campaña que concluye hoy, al eslogan le falta un sumando: más populismo.

Sólo así puede definirse la relación epistolar con la ciudadanía que ha decidido emprender Pedro Sánchez cuando la Justicia, el único poder que no ha colonizado el jefe del Ejecutivo, adopta alguna decisión en la causa abierta para investigar la denuncia por tráfico de influencias y corrupción en los negocios contra su esposa, Begoña Gómez.

De nuevo con una sintaxis que sonroja, Sánchez ataca a la independencia judicial al vincular la citación a declarar a su cónyuge el cinco de julio a una supuesta intención política y calificar los hechos como un “zafio montaje”, que se aventura a atribuir a los partidos de la oposición, a los que trata de igualar como ultraderecha. Pone en la picota al juez aludiendo a una norma no escrita de evitar actuar desde un juzgado en las campañas electorales. Hubo instructores que lo hicieron antes, como Mercedes Alaya, en casos avalados por todas las instancias penales hasta el Tribunal Supremo. En todo caso será un uso y costumbre –sobre todo de tribunales superiores– de no tomar decisiones que afecten a partidos. Pero en este caso no hay partido alguno encausado, sólo una ciudadana que no tiene ningún papel constitucional y no cuenta con fuero alguno. Ante el juez es una española más. Como usted, como yo. No existe impunidad alguna por estar casada con el primer ministro español. Al contrario, porque el vínculo marital a lo que obligaba a la señora Gómez es ser mucho más prudente. Porque los hechos desmienten el juego de trilero del presidente. Ni el juez, ni el PP, ni Vox, ni siquiera el pseudo sindicato Manos Limpias, fueron quienes se dedicaron a vincular al Gobierno con empresas de las que obtenía beneficios mientras convivía con Sánchez en La Moncloa; ni pidieron registrar un software que le habían cedido gratis previamente, probablemente sólo porque negarse a darlo podría significar molestar a la cúpula gobernante.

Sánchez lo utiliza todo. Sin escrúpulo alguno. Y ha decidido convertir la investigación a su mujer en una palanca electoral para lograr “la remontada” en las urnas, señal de que teme perder, en contra de lo que dice el CIS. Vóteme para proteger a mi esposa. Puro populismo. Y si la progresía le sigue, usará el resultado para afirmar que los españoles avalan su política, amnistía incluida.

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