Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

La revancha del turista

El turista postpandémico se lanza enfebrecido al turismo de revancha, a la liberación del sedentarismo impuesto

Ser multimillonario no es incompatible con el cretinismo, y tampoco con el alarde y la ostentación que son propias de cretinos. Más lejos, más que nadie, para alcanzar las más altas cotas de lo que haga falta, hasta niveles galácticos. Y nunca mejor dicho: Richard Branson, fundador de Virgin y de su filial Virgin Galactic, singular genio de los negocios, se dio anteayer un garbeo por los confines del espacio sideral. Para la historia queda que ha sido pionero del turismo espacial. Es más que probable que acabe forrándose con la contribución de ese tipo de personas que suben al Everest en caravana de hormigas o se tiran de un puente con un arnés.

Hay gente para todo, que dijo Rafael El Gallo cuando le presentaron a un tipo de profesión filósofo (era Ortega y Gasset). Incluso hay quien -habemos-no iría ni amarrado a un lugar tan terrible como es sin duda el espacio. Y menos sin haber conocido antes Ávila o el mismo Tokio. Pero el turismo tiene mucho de seguidismo, de postureo y de emulación. ¿Dónde va Vicente? Donde va la gente. Y si puede financiarse su periplo, Vicente se sentirá un pionero, un Lope de Aguirre descubriendo Dorados, Karajistán o Santa Pola, o viviendo su odisea del espacio fotográfica y con el objeto primordial de ser compartida en el otro espacio, el internáutico. En breve -tempus fugit a lo bestia-, el turismo espacial será democratizado. Todos tenemos derecho a ser interestelares, qué se va a creer el tal Branson. (No me cabe duda de que este escrito será rancio en pocos años, en caso de conservarse por arte de birlibirloque. Antiguo, y a mucha honra. Yo al espacio no voy desde luego. Sólo de imaginar el jet lag me dan ganas de irme hasta de camping.)

Surge al mismo tiempo que el de Branson el ya bautizado como turismo de revancha, gran término que connota un proceso masivo de venganza contra una situación sobrevenida y traumática. Como una persona que tras su divorcio cambia de estilismo, se tatúa y abraza prácticas de cualquier tipo que en su fallido amor le resultaban impensables, el turista postpandémico -lo dicen los datos- se lanza enfebrecido al turismo de revancha, a la liberación del sedentarismo impuesto y del asombro de la muerte, un asombro menguante. Cantaba Leonard Cohen "primero tomaremos Manhattan, después tomaremos Berlín", y bajo ese grito, ya aplicado a las reservas y los sitios imprescindibles, el viajero -es un decir- revanchista primero tomará el destino interior, y después el exterior; territorios a tiro de avión, reconquistados, una vez inmunes todos, guiris y nativos.

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