Carmen Camacho

Otro 'tempo'

Cambio de sentido

'Reconstrucción' puede significar volver a lo de antes o mejorar lo que no tenía sentido común ni ritmo humano

02 de junio 2020 - 01:35

Esta mañana, Padre monta a su nieto en el carrico y trasponen por los pinos hasta la atalaya. Allí se sienta a leer y el nene se embebe -un dedo en la boca- atendiendo a los pajarillos, que trinan y vuelan en número y forma espléndida. "Nunca ha habido tantos pájaros -me explica Padre en este preciso instante, que me ha llamado-. El monte está contento de agua, aquí lirios y allí lirios, los nísperos vencen las ramas, a diario comemos trigueros. Un macho cabrío grande como un burro se me cruzó ayer. De día. Lo levantaría un perro. Otros años las montesas sólo aparecen donde el pozo, por la sed". "Quizá tiene que ver tanto esplendor con que el mundo en la pandemia se ha parado", digo. Responde: "Aquí no hay contaminación, pero los cambios del clima afectan. Algunas labores mecanizadas del campo no se han hecho. La velocidad de los tiempos ha frenado, casi en seco. Eso tiene efectos".

El confinamiento ha reducido considerablemente las vibraciones de la Tierra. Durante semanas, hemos parado y callado, y eso tiene notables consecuencias, algunas gloriosas, otras profundamente duras. Nos piden volver a la loca "normalidad", más por causas económicas que por recuperar derechos y libertades, pues muchas ya estaban heridas en el nombre de la seguridad, el Progreso, el teletrabajo o la investigación de mercados. Ha vuelto el ruido: ruido de cascos de briosos corceles -Bolsonaro, como un caudillo, sobre una jaca-, ruido de botas que rompen el cuello de un negro en Minneapolis, ruido de ojos que se encogen de odio al esputar bilis desde la tribuna de oradores. Que quiten el luto oficial, que duele contemplar la bajeza altiva -altivez bajuna- y tanta estridencia inhumana mientras lloramos a los muertos. Vuelve la velocidad de las cosas. Acelerar es la palabra. "Hay que acelerar la vuelta al trabajo", dice Rafael del Pino. "Sánchez acelera la desescalada", dice El País. Calviño habla del "ritmo de la economía". Reconstrucción puede significar volver a ser lo que fuimos, o aprovechar la ocasión de enmendar lo que no tiene razón común ni compás -vivir estresados, precarios, con miedo, sin libertad interior; ser multitarea, agenda con patas, dechado de resultados; consumir afectos basura…-. Otro tempo, a la larga mucho más próspero, igualitario, despierto, sostenible, a la medida de los humanos y demás criaturas es posible. Y no lo será. ¡Chiss! El niño se acaba de dormir con el canto de los pajarillos. Pasen la página despacito, que no se despierte.

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