A RIENDA SUELTA

¡hay vida más allá de la pantalla!

SI algo ha conseguido el tan comentado juego 'Pokémon Go' es dividir a la sociedad en dos. De un lado están aquellos a los que los monstruitos les importan lo mismo que la cotización de la lechuga neerlandesa en los mercados de Brujas, es decir nada, y de otro aquellos a los que les hace gracia o están enganchadísimos. Ha dado pie a que el amigo Monforte les proponga con indudable éxito que en vez de buscar muñecos se dediquen a localizar suculentas croquetas (que haberlas haylas). También ha conseguido que quienes más se alejan de la franja de edad de los jugadores hayan contemplado, perplejos, que la dichosa aplicación ha logrado lo que ellos no han podido: echar a sus hijos a corretear. El gran mérito del jueguecito radica en que sus usuarios han descubierto que hay vida más allá de la soledad del portátil o el móvil, que hay gente con la que hablar de intereses comunes, que se puede cooperar en busca de un bien, aunque éste sea de momento encerrar a un bicho -más feo que mandado a hacer de encargo- en una bola.

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