Mayoría en la calle; minoría en los hogares

Editorial

Pese a la manifestación de ayer (algo menor que otros años) las encuestas señalan que la mayoría no quiere la independencia

12 de septiembre 2017 - 02:02

Como era previsible, una marea humana tomó ayer Barcelona durante la manifestación de la Diada, que este año estuvo centrada en apoyar la celebración el próximo 1 de octubre de un referéndum de independencia en Cataluña. El éxito de la cita no es nuevo. Desde 2012 el nacionalismo ha conseguido convertir este acto en una auténtica demostración de fuerza callejera, aunque es cierto que en las últimas convocatorias, incluida la de ayer, se ha detectado una cierta bajada en el número de manifestantes. Pese a esto, 500.000 personas -que parece el cálculo más realista- no es una cantidad desdeñable y el nacionalismo independentista se puede apuntar un nuevo punto, además de coger fuerzas para afrontar con ímpetu su desafío al Estado de Derecho el próximo 1-O.

Dicho esto, reconociendo el indudable éxito de la convocatoria, habría que preguntarse si la manifestación representaba el sentir mayoritario del pueblo catalán o, simplemente, el del sector más motivado y movilizado. La pregunta resulta difícil de responder, pero tenemos dos indicadores que nos pueden ayudar: los resultados de las últimas elecciones (las de verdad) y las numerosas encuestas demoscópicas que se han realizado sobre la cuestión en los últimos tiempos. Lo cierto es que ambos sensores nos indican que, pese a la impresión de predominio que producen los independentistas, continuamente movilizados y eufóricos, la verdadera voluntad mayoritaria de los catalanes es permanecer en el Estado español (otro asunto y otro debate es en qué condiciones). Es decir, los independentistas son mayoría en las movilizaciones callejeras, pero minoría en la intimidad de los hogares, donde cada uno piensa y se expresa como quiere sin el control social y mediático que, a veces, ejerce el nacionalismo.

Ver una multitud de 500.000 personas con banderas y pancartas suele ser un espectáculo impresionante, pero no debemos dejar que nos ciegue. El nacionalismo es un pegamento que une fuertemente a sus seguidores. El bloque soberanista está cohesionado y motivado, ha cerrado definitivamente filas ante lo que saben que es una cita sumamente importante para sus objetivos. Pero eso no significa que supere a esa mayoría silenciosa que, por diferentes motivos -apatía, discreción, miedo...- prefiere quedarse en casa. La voluntad del pueblo catalán no la deciden las manifestaciones, sino las urnas con todas las garantías del Estado de Derecho, no es el simulacro que nos prometen para el 1 de octubre.

También te puede interesar