No son activistas, son ministros

Editorial

La contundente condena de Israel a la posición de miembros del Gobierno pone otra vez de manifiesto el profundo disenso interno del Ejecutivo en política exterior

18 de octubre 2023 - 00:30

La Embajada de Israel en España condenó el pasado lunes de manera enérgica, por medio de un comunicado, las declaraciones de algunos ministros del Gobierno de España respecto a la situación de guerra provocada por los atentados de Hamas contra Israel. Sin citar a ninguno expresamente, el comunicado de la delegación diplomática israelí se refería a manifestaciones de miembros del Ejecutivo español, como su vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, o la ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra. Ésta había señalado al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, como criminal de guerra e instó al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, a trasladar a la Corte Penal Internacional su actuación en Gaza. El Ministerio de Exteriores, pese a ello, reaccionó al comunicado israelí rechazando “tajantemente” su condena y acusando a la Embajada de incluir en su texto “falsedades”. El problema de fondo, no obstante, y que se repite cada vez que una situación internacional evidencia el profundo disenso de los integrantes del Gabinete, es que los ministros de Unidas Podemos anteponen su activismo político y su posición ideológica a su condición de integrantes del Gobierno del Reino de España. Las competencias en Asuntos Exteriores no corresponden a ninguno de los departamentos que tienen encomendados y la postura del Gobierno ha de fijarla, como hace, su presidente, Pedro Sánchez: condena al acto terrorista de Hamas y reconocimiento a Israel de su derecho de defensa aunque cumpliendo la legislación internacional. Como miembros del poder ejecutivo tienen la obligación de respaldar la postura del Gobierno y no ponerlo en evidencia una y otra vez. Nadie les exige que cambien de opinión, pero sí que actúen con la prudencia que exige la alta responsabilidad que desempeñan. Apelar sólo a la libertad de expresión, como ha hecho Exteriores, es simplificar un comportamiento inexcusable porque genera un ruido que pone en duda la posición de España respecto a Ucrania o Hamas.

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