El verdadero rostro de Podemos

Editorial

Lo sucedido en la Comunidad de Madrid ha mostrado las formas de quienes se erigen en adalides de la democracia

22 de abril 2018 - 01:44

La batalla interna que en los últimos días se ha librado en Podemos para la confección de la candidatura a la Presidencia de la Comunidad de Madrid no sólo ha servido para mostrar la profunda división que existe en esta formación sino algo más grave: las formas que utilizan quienes se autoproclaman adalides de la democracia interna, la transparencia y, en definitiva, una nueva forma de hacer política. Por mucho que ahora se escenifique de manera forzada por los plazos un acuerdo entre Iglesias, Errejón y Espinar para el escenario madrileño, las heridas abiertas tardarán en cerrarse y la imagen que ha dado esta formación política ha quedado bastante dañada. Aquella frase de "tonterías ni una" dirigida por Pablo Iglesias a Íñigo Errejón cuando éste hizo pública su intención de controlar su candidatura sin injerencias del sector oficialista deja claras cuáles son las formas que se utilizan en Podemos. Y no es que en otros partidos políticos no existan problemas internos y la democracia se aplique a rajatabla a la hora de hacer listas electorales. Lo que ocurre es que el partido que lidera Pablo Iglesias viene dando todos los días lecciones de todo ello a los demás y ya se ha visto que no está en condiciones de hacerlo. Quienes venían a regenerar la democracia española ante la corrupción y liberar a los españoles de los pecados cometidos por lo que llaman despectiva e ingratamente "régimen del 78" han mostrado su verdadero rostro: conspiraciones internas continuas entre sus diferentes corrientes, purgas entre los que se apartan de las decisiones del líder, nepotismo en aquellos lugares en los que han tocado poder e incoherencias y manipulaciones históricas a la hora de juzgar a los demás o a los acontecimientos, según convenga. Justo todo lo que denuncian con aires de superioridad. Quedan por delante elecciones europeas, municipales y autonómicas. La batalla de Madrid es sólo el principio de las muchas que le quedan a Podemos en todo el país, donde sus formas han quedado al descubierto.

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