Tribuna

Isidoro moreno

Andalucía: el triple extractivismo

El 4D debería ser ocasión para preguntarnos sobre las causas estructurales de nuestra dependencia y subalternidad y no quedarnos solo en sus consecuencias

Andalucía: el triple extractivismo

Andalucía: el triple extractivismo / rosell

Hoy es 4 de diciembre y todos los partidos, con la excepción de la ultraderecha, lo celebran verdiblanqueándose por un día. Hasta hace pocos años, solo era relevante para las organizaciones soberanistas, que hacían énfasis en su carácter reivindicativo de los derechos nacionales del pueblo andaluz. Aquella fecha, la más importante en la historia contemporánea de Andalucía, se quiso arrojar al olvido, sustituida desde la Junta por el 28 de Febrero –sin duda, también un hito muy relevante, pero que no habría existido sin el anterior 4D–, porque ello interesaba al relato acuñado por el régimen pesoísta para presentarse como el supuesto único protagonista de la autonomía.

Hoy, todos los partidos menos Vox se han apuntado, de una u otra forma, a la celebración y tratan de aparecer como andalucistas, lo que es una banalización del andalucismo. Incluso el PP, cuyo antecedente inmediato, la Alianza Popular de Fraga, estuvo frontalmente en contra de la autonomía, ha declarado el 4D como “día de la bandera andaluza”. Y utiliza esta, en su lucha partidista con el PSOE por gobernar en la Moncloa, como ariete para desviar la confrontación necesaria con el estado centralista –que es el responsable de nuestra situación, más allá de cuál sea el partido que en él gobierne– hacia la confrontación con Cataluña y otros pueblos en nombre de una “igualdad de todos los españoles” que no existe en dimensión alguna.

Por su parte, las delegaciones o franquicias de los partidos y grupos de la izquierda española (real o supuesta) se manifiestan repitiendo como una letanía la larga lista de problemas que Andalucía sufre, sin plantearse cuáles son sus bases estructurales y sin reconocer nuestro papel de colonia interna del Estado ni hacer autocrítica por no llevar a las instituciones de este los problemas y ni siquiera el nombre de Andalucía. Por su parte, el PSOE-A está adoptando un perfil bajo, quizá reservándose para el 28F, mientras que la izquierda andalucista (Adelante y otros) continúa desgranando la margarita entre reafirmar con rotundidad un espacio político propio y diferenciado y el temor suicida a ser acusada de “dividir a la izquierda” (?)

De todos modos, y más allá de lo que estén haciendo, de forma oportunista o vergonzante, los partidos, el 4D debería ser ocasión para preguntarnos con seriedad sobre las causas estructurales de nuestra dependencia y subalternidad y no quedarnos solo en sus consecuencias. Ello nos llevaría a constatar, y poner en el centro de la denuncia, el triple extractivismo que sufre Andalucía. Extractivismo económico, al ser utilizados nuestros bienes comunes (mineros, agrícolas, hídricos, turísticos…) como recursos al servicio de intereses ajenos a los nuestros. Extractivismo cultural, porque las expresiones de nuestro rico y diverso Patrimonio nos son expropiadas para llenar de contenido la marca España, mercantilizándolas o utilizándolas como simples decorados. Y extractivismo político, porque todos los partidos estatales, sin distinción, lo practican para conseguir votos no con el objetivo de que la voz de Andalucía sea escuchada en las instituciones sino para llenar el morral en la confrontación sobre quién gobierna en el Estado. Los 61 diputados elegidos por Andalucía en el Congreso, ¿cuántas veces han planteado allí nuestros problemas estructurales o nuestro carácter de nacionalidad histórica (que es la definición contenida en el, ya de por sí limitado e insuficiente, Estatuto de Autonomía)?

Mientras no seamos conscientes de este triple extractivismo que nos mantiene en situación de colonia, serán estériles todos los quejíos y protestas porque seguiremos centrados en los síntomas sin interesarnos por el diagnóstico. Y es evidente que sin un diagnóstico adecuado cualquier tratamiento será errático y, muy probablemente, contraproducente. Será continuar cavando en el pozo del que debemos salir.

En la perspectiva de la más que probable reorganización territorial del Estado, Andalucía debe plantear, como pueblo y sujeto político, su descolonización sin dejarnos engañar por quienes solo hablan de “atraso” o pretenden vendernos la burra de que somos “la locomotora de España” o lindezas por el estilo. Rechazando ser utilizados como ariete contra los derechos de otros pueblos y menos blandiendo para ello la verdiblanca. Y no teniendo como objetivo conseguir “no ser menos” que ellos o aspirar a “ser como ellos”, sino ser nosotros mismos: un pueblo con identidad histórica, identidad cultural e identidad política al que se le ha impuesto el papel de colonia interna y al que se sigue cloroformizando para que no sea consciente de ello. Rechazar este papel no es una quimera: es “una común necesidad”, como escribiera hace ya un siglo Blas Infante.

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