Tribuna

Guillermo Díaz Vargas

Arquitecto

Tertulias tengas...

Debajo de la autoproclamada supremacía moral, mil veces traicionada, la izquierda oculta un puro ejercicio fariseo de maniqueísmo

Tertulias tengas... Tertulias tengas...

Tertulias tengas... / rosell

No se sabe de ninguna discusión en grupo, ya espontánea, ya organizada por los media, que haya servido para esclarecer el fondo de lo que se debate. No son situaciones propicias para la autocrítica, sino más bien torneos verbales en los que cada tertuliano pugna por mantenerse a salvo de todo posible reconocimiento de error. Las convicciones se defienden a ultranza, adoptadas como coordenadas de referencia moral y soporte de la autoestima de cada cual, distintivo de su propia identidad y de su entendimiento del mundo. Su cuestionamiento puede obligar al reconocimiento de realidades psíquicamente inasimilables, desestabilizadoras de la relación establecida por cada cual con la realidad. Así, por ejemplo, quien hace gala de pacifismo y renuncia al uso de la fuerza, ha borrado de su mente que los derechos sociales y el nivel de vida que hoy goza, son fruto, entre otras, de la violencia de la Revolución Francesa, a la que debe vivir en democracia, de la Revolución Soviética y, más tarde, de la decisión de Churchill de ir a la guerra y no doblegarse ante el III Reich. A los soviets y a la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial debe el ecopacifista y antimilitarista de hoy el Estado de Bienestar que todavía se mantiene en Europa.

La primacía del sentimiento y el simplismo ideológico sobre el raciocinio y la disposición crítica convierten estas discusiones en un ejercicio en el que se aprende más sobre uno mismo y sus contertulios que sobre las cuestiones debatidas. En el calor de la polémica es frecuente no encontrar las palabras adecuadas, hablar sin precisión, abundar en tópicos y frases tan cargadas de emoción como escasas de argumentos, que también los interlocutores reciben desde su emotividad, y no desde su raciocinio.

Por otra parte, las opiniones litigantes están construidas con materiales procedentes de la propaganda política circulante, asimilados por empatía pero escaso filtro crítico. Así que están cargadas de ideología, en el sentido de falsa conciencia de la realidad que Marx daba al término. Y una constante posmoderna de este falseamiento es la simplificación del asunto discutido mediante su presentación en disyuntiva maniquea, reduciéndolo a una división entre buenos y malos. En el caso de tertulias políticas, el reclamo por las derechas de su tan presuntuosa como cuestionable eficacia económica y técnica, aprovecha la debilidad de las izquierdas frente a la globalización económica, la crisis financiera del Estado y sus propias lacras de despilfarro y exceso de burocracia, para seguir entronizando los viejos dogmas del liberalismo económico. En la respuesta de las izquierdas, la ostentación de excelsos principios éticos y morales encubre su desconocimiento de la realidad, y de las dificultades de su transformación, que esas ideologías -que no se han recuperado del golpe que supuso el colapso de la URSS- consideran exclusivamente como una cuestión de (buena) voluntad. Debajo de la autoproclamada supremacía moral, mil veces traicionada, la izquierda oculta un puro ejercicio fariseo de maniqueísmo, que se envuelve en la bandera de esa virtud para eludir su ignorancia de las dificultades reales y objetivas que sus fines programáticos afrontan, y para dotarse de una falsa aureola de sublimidad mediante la fabricación y voceo propagandístico de la depravación moral del oponente.

Todos los sectores de la acción política se encuentran ideologizados. Pero en algunos casos -Política Económica, Fiscal, Exterior, Defensa...- se deja entrever un poso de conocimiento técnico que -sin estar exento de ideologías- contiene un grado de ajuste a la realidad y unos contrapesos críticos correctores que permiten un funcionamiento medianamente solvente de esos sectores. En otros casos, como las políticas de Igualdad, Medio Ambiente, Autonomías, Urbanismo, Vivienda..., las izquierdas han puesto en circulación políticas de fuerte componente ideológica pero escaso fundamento técnico, de cuestionable eficacia y perversos efectos reales. Son asuntos que no pueden ser elucidados sin disolver la ganga ideológica que los envuelve, misión fuera de las posibilidades del formato de debate tertuliano. Lo leo, inmejorablemente dicho por Juan José Millás, en el diario El País de 16 de octubre de 2020, refiriéndose a las celebraciones familiares : "...Se trata de llevar la razón aun a costa de perderla en la hoguera verbal atizada alrededor de la fuente de langostinos o del cordero".

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