José Ruiz Navarro

Una asignatura pendiente

La tribuna

Suelen darse mayores tasas de actividad (intra)emprendedora en economías que poseen un ecosistema económico y empresarial más innovador y avanzado

Una asignatura pendiente
Una asignatura pendiente / Rosell

02 de mayo 2018 - 06:58

La reciente presentación del Informe GEM España 2017-18 sitúa a España en la cola de Europa en (intra)emprendimiento con un 1,4% sobre la población adulta, y a Andalucía, con el 0,6%, en la cola de España. Ésta es una de las múltiples indicaciones que ofrece el observatorio internacional GEM sobre creación de empresas.

La información se relaciona con uno de los problemas que tiene Europa: su baja productividad, consecuencia de un tejido empresarial escasamente emprendedor e innovador, situación que ya se trató en un reciente encuentro entre el Banco Central Europeo y el MIT que apuntaba a que Europa necesitaba políticas más innovadoras en materia emprendedora.

El (intra)emprendimiento es uno de los indicadores utilizados para conocer los resultados de esas políticas. Se entiende por tal, la actividad emprendedora que se lleva a cabo en organizaciones y empresas existentes, resultado de sus estrategias hacia la innovación y diversificación, y que despliegan sus empleados para el desarrollo de nuevos productos, servicios o la creación de nuevas empresas. GEM mide el (intra)emprendimiento por el porcentaje de personas sobre la población adulta que en los últimos tres años han estado involucradas en estas estrategias.

Suelen darse mayores tasas de actividad (intra)emprendedora en economías que poseen un ecosistema económico y empresarial más innovador y avanzado. Así, se observa que existe una relación directa entre las tasas de (intra)emprendimiento y el PIB per cápita del país o territorio. Esta relación evidencia que las economías basadas en la innovación son las que presentan los porcentajes más altos de actividad (intra)emprendedora como son los casos de Canadá (8,2), Luxemburgo (8,0), Reino Unido (8,0), Australia (7,8), Países Bajos (7,6) o Estados Unidos (7,6), entre otros.

En este contexto, el posicionamiento a nivel internacional de la actividad (intra)emprendedora de España (1,4) sigue estando por debajo de la media del grupo de economías basadas en la innovación de la UE28 (5,1) lideradas por las altas tasas de los países nórdicos. Su evolución en nuestro país ha presentado una disminución respecto a 2016 y se mantiene por debajo del nivel de 2014, año en el que se comenzó su medición.

Si la situación en España es mala, en Andalucía empeora. Andalucía con el 0,6% de su población adulta en actividad (intra)emprendedora se sitúa en la cola de las regiones españolas y por debajo de la tasa que le debería corresponder por su PIB per cápita. En las regiones españolas también se cumple la relación entre actividad (intra)emprendedora y PIB per cápita. Las que tienen mayores niveles de ingresos per cápita se sitúan por encima de la media española en actividades (intra)emprendedoras, ocupando el primer lugar Cataluña (2,2).

Esta información debe hacer reflexionar a nuestras autoridades y agentes económicos sobre las actuales políticas de impulso al emprendimiento y la empresa. España, y especialmente Andalucía, necesitan renovar y modernizar sus estrategias en este campo. Las estrategias orientadas exclusivamente a aumentar el número de emprendedores son malas estrategias. Una estrategia innovadora en materia emprendedora debería orientarse de manera selectiva a la creación y consolidación de empresas con potencial de crecimiento e involucrar a múltiples agentes críticos en su consecución. Se debería contemplar aspectos más sutiles, entre ellos el (intra)emprendimiento, prácticamente ausente de las políticas públicas. El reto pasa también por involucrar a agentes, empresas e instituciones cercanas al talento emprendedor con potencial en estas estrategias, integrarlas en los instrumentos de planificación, como el PAIDI 2020 y el RIS3, y hacerles un seguimiento eficaz. Es llamativa la ausencia de los Consejos Sociales de las Universidades, entre otras instituciones, en estos planteamiento y en las recientes normas aprobadas, lo que denota que es mejorable la atención, las prioridades y la asignación de recursos en las políticas de emprendimiento. No parece, por ejemplo, acertado asignar diez veces más recursos para el emprendimiento a asociaciones empresariales y agentes sociales que a las universidades. Al igual que no favorece el progreso la escasa atención prestada por nuestras autoridades y agentes sociales a los instrumentos de medición y rendición pública de cuentas sobre las políticas de emprendimiento en Andalucía.

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