Me temo que esta va a ser una página de tópicos, como una ristra de salchichones uno tras otro, pero es lo que hay. La verdad a menudo es un tópico gigante, macrosómico, de tal envergadura que ya no lo vemos, como un elefante que se nos pusiera demasiado cerca y solo viéramos una pared gris rugosa. Por eso hay que alejarse, dejarse zarandear, temblar, sentir la tierra que se hunde bajo nuestros pies, dar la vuelta al mundo, lo que nos haga falta para volver a ver. Somos ciegos por exceso. (Hay que arrostrar el peligro de la cursilería, a veces, para explicarse uno mejor. En los párrafos siguiente me explico).
Esta iba a ser la enésima columna sobre David Uclés. Porque hoy día no eres nadie, y menos como fachicolumnista, si no enseñas tu opinión publicada sobre Uclés. Tu cagadita de mosca sobre el papel de periódico del mundo. Iba a ser algo así: “El flamante Premio Nadal Peninsular de las Boinas Vacías, de la Pedanía de los Cerebros Muertos, de la Barriada de los Zulos Caros, el ariete –por incomparecencia, ariete aéreo, pues– de los aznares y los espinosas de los etcétera. Uclés el Bonico del To, el glorioso combatiente del Ebro que ha hecho claudicar a Pérez Reverte, quien, cautivo y desarmado, ya no sabe ni lo que dice y ofrece venir a sus jornadas sevillanas a Me-Llaman-Rata-Me-Llaman-Chepudo (quien, por supuesto, lo ha mandado a esparragar). Todo este circo –no lo explico bien porque usted ya lo habrá leído cien veces– es ambrosía para los opinadores, para los youtubers, para el ruido y la, no diré furia (es demasiado fuerte), abulia. El Ruido y la Abulia. Me encantaría analizar la novela del Prodigioso Chico Boina, y encontrar faltas de concordancia gramatical, torpezas sintácticas, ridiculeces léxicas, barbaridades históricas. Pero ya eso lo han hecho otros. Tengo amigos a los que les ha gustado la península de marras, otros dicen que es un amasijo, otros que empieza bien y que luego descarrila Óscar Puente style. Qué sé yo. Yo venía por la guasa, la boina, Reverte y esa forma de pronunciar Ahná. Jose María Ahná. Es un temazo este de Uclés, te salva lo que queda de invierno, los pódcasts, los viperinos grupos de WhatsApp con escritores muertos de hambre. Y los memes, los stickers, los gifs corren como la pólvora. La pólvora de las tardes vacías y las luces tuertas”. En fin. Descanse en paz esa tribuna que podía haber escrito, pero que no.
No la he escrito porque me han pasado dos cosas, y tenía que contárselo a ustedes. Una de ellas es que, de pronto, me dio por mandarle un audio a un amigo que vive lejos. Recordé que me había dicho “hacía poco” que tenía un cáncer muy grave, que yo le había contestado mandándole ánimos, diciendo que ya le llamaría otro día. Ese otro día fue el sábado pasado. Comprobé que hacía tres meses de aquello. Después de grabar el audio preguntándole cómo estaba, tuve una inquietud y miré en su Facebook. Había muerto. Mi amigo Suso había muerto y yo mandándole un audio. ¿Pero cuánto hacía de eso? Seguí mirando y fue el 26 de octubre. Me fui a nuestro chat de WhatsApp y allí estaba la fecha del mensaje en que me contaba su enfermedad: 26 de octubre. Mi tocayo se estaba despidiendo y yo no lo sabía. De inmediato, tragándome las lágrimas, camino de un concierto (que yo daba) me maldije por… ¿por no haberlo llamado antes? Hubiera sido para nada, murió ese mismo día. Pero, sí, aun así me maldije. Mierda de todo.
Lo segundo que les quiero contar es que otro amigo mío, mucho más joven que yo, se ha intentado quitar la vida. Está en el hospital y no sabemos si saldrá o no. El último wasap que nos cruzamos fue el 18 de enero. Yo sé que su enfermedad mental no es culpa mía, ni de su familia, ni sabemos de quién ni de qué, pero desde el 18 de enero podría haberlo visto. Ahora es imposible, está en observación.
Creo que se entiende lo que quiero decir. Escribo esto llorando. Corred al wasap, al teléfono, id a verlo, a verla. Llamad. Me cago en mi puta vida, os digo que es urgente. La vida es urgente.