El duende de Antonio Enrique

Mauricio Gil Cano

25 de febrero 2026 - 12:03

Antonio Enrique (Granada, 1953) nos tiene acostumbrados a libros de una enorme calidad literaria, en todos los géneros que cultiva: poesía, narrativa, ensayo, memorias… Además, en su caso, cada nueva entrega poética —y ésta hace la número veinticinco—, se distingue de la anterior por una nueva vuelta de tuerca a su originalidad. Orgía del silencio (Granada: Editorial Nazarí, 2025) se centra en el cuadro Las meninas, de Velázquez, una de las obras más geniales y misteriosas de la historia del arte. Posee una trama casi novelesca: un duende —alter ego del autor— se encuentra en el aposento del Alcázar de los Austrias donde el gran pintor sevillano retrata a la familia de Felipe IV, y pone voz a una treintena de poemas de carácter dramático e historicista. Si esto, en un primer momento, puede causar cierta perplejidad al lector, acabará cautivándolo con versos de excepcional belleza y profundidad existencial.

El poemario está intrínsecamente relacionado con La espada de Miramamolín (Barcelona: Roca Editorial, 2009), una fantástica novela histórica cuyo protagonista es Carlos Fernando de Austria, hijo bastardo de Felipe IV y, por tanto, hermano de padre de Carlos II el Hechizado. Antonio Enrique ya se ocupaba en ella del cuadro, de su proceso de creación a través de un juego de espejos, de los personajes que aparecen en él, de sus significados ocultos, de la realidad e irrealidad que expresa esta pintura, captación insólita del tiempo y de la luz. En la susodicha novela se llega a escuchar el silencio: “Es el rumor del vacío; suena a aceite en la sartén”.

Estos aspectos se desarrollan de un modo lírico en Orgía del silencio, donde los poemas se suceden como capítulos, protagonizados por los diversos personajes del cuadro, aunque también por el color, la noche, España, las Indias, el aire, el olor, el poder, el vacío de la nada, los demonios… Pero el duende del regio Alcázar es un espectro sin cuerpo que sobrevuela épocas, lo ve todo desde arriba y lo sabe todo. Así contempla a la familia de Carlos IV, pintada por Goya: “Los borbones no son los habsburgo./ A los borbones a veces les sale/ el Habsburgo que llevan dentro.” Libro visionario y alucinado, su discurso se impregna de referencias bíblicas para tornarse profético y apocalíptico, persistiendo un decadente fatalismo: “Pobre España que no puede pagar a sus tercios”; “ahora lo que hay es el lubricán”; “todo el tiempo se lo lleva”…

Quizás nos salvaría la alquimia de los colores, su magia celestial: “Como la vida es el arte”. Pero con la vida va la muerte, cuya sombra se proyecta en el extraordinario poema “Camino de los cipreses”, donde la voz se hace definitivamente humana: “Todos tenemos que pasar por aquí./ Por esto somos hermanos, porque hemos de morir”. La clave del misterio se halla en el error de creernos mirar Las meninas cuando en verdad estamos siendo mirados por ellas, pues “son un ojo mágico”.

Libro de trampantojos y claroscuros, Orgía del silencio está atravesado por estremecimientos barrocos que hacen sentir la vida como sueño y gran teatro del mundo. O como un corral de comedias: “Y el pueblo escucha, patea, silba, ríe/ o llora”. La conclusión es proverbial: “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

Durante años, Antonio Enrique ha sido un decidido impulsor de la Literatura de la Diferencia, movimiento al que dio nombre. Reside en Guadix (Granada), donde está al cuidado del Aula Abentofail de poesía y pensamiento, labor por la que fue reconocido con el Premio Mecenas de Literatura Andaluza en 2021. En 2016, la Fundación Andrés Bello le otorgó el premio a la Obra Narrativa Completa y en 2017 le fue concedido el Premio Andalucía de la Crítica por su novela Boabdil, el príncipe del día y de la noche.

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