Este es el museo de Jerez que hechiza a National Geographic con 287 relojes y decenas de anécdotas curiosas: "Nos deja atónitos"
En la revista de viajes quedan fascinados con la experiencia de recorrer el Palacio del Tiempo donde éste no se detiene
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"Con los sentidos azuzados y as endorfinas y las dopaminas bailando por bulerías pasamos a las siguientes salas deseosos de más anécdotas". De esta forma describe National Geographic cómo se siente según avanza por el interior del Palacio del Tiempo, el museo de relojes de mayor relevancia de España y uno de los más destacados de Europa, ubicado en los Museos de la Atalaya.
Se adentran en él de la mano de Francisco Osuna, el encargado de dar cuerda, limpiar, engrasar y revisar 287 relojes. Gracias a las dotes de este sevillano, el 95% de las piezas están actualmente en funcionamiento. Algunos de estos son auténticas joyas, piezas históricas de los siglos XVII, XVIII y XIX. La revista especializada en viajes, describe cada uno de los salones que lo componen y añade las anécdotas y curiosidades aportada por otra guía, Marian Bermúdez, responsable de las visitas a este Palacio.
Por supuesto, narra la historia que envuelve al primer reloj público de la ciudad, de 1857, fabricado por José Rodríguez de Losada, autor también del reloj de la Puerta del Sol y quien acabó casándose con la viuda del relojero del Big Ben. "Y los ojos se disparan cuando pasamos a la primera de las salas repletas de relojes, la Sala Azul", la de los relojes franceses, afirman en el reportaje. Detalla la leyenda de los relojes malditos (aquí no haremos spoiler) . "Nos deja atónitos", aseguran refiriéndose al espectáculo que le brindan todos los relojes con sus toques y señales en la Sala de Oro y los relojes Imperio.
En la Sala Verde conoce todo los entresijos de los relojes ingleses y las novedades que introdujeron.
En la última parte del museo descubre relojes únicos como el curioso Reloj Esqueleto de Robert Robin, el reloj decimal o el reloj de chimenea de 1670, un reloj nocturno, iluminado con una vela.
"Es una imagen muy potente: el tiempo desvaneciéndose", asegura poco antes de concluir el recorrido por el Museo de los Relojes de Jerez. "Como un recordatorio de nuestra finitud y, a la vez, como susurrante exhortación a la acción: carpe diem", remacha. Pues eso: carpe diem.
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