Curiosidades

Por qué hay numerosas jacarandas en esta maravillosa ciudad

Jacarandas en la Alameda Vieja.

Jacarandas en la Alameda Vieja. / ÁNGEL JIMÉNEZ (Jerez)

El paisaje del municipio de Jerez es rico y variado. Cualquiera disfruta paseando por sus senderos o mirando los campos cultivados y, cómo no, viñas en sus pagos. Sin embargo, un gran atractivo en la zona urbana es un árbol llamativo se arrolladora belleza, cuyo origen se halla al otro lado del Atlántico: la jacaranda.

Algunos de los ejemplares más antiguos de Jerez se encuentran en La Bodega Fundador-Domecq, Hotel Palacio Maria Luisa, en calle tornería; en el Zoo Botánico de Jerez, en el Instituto Padre Luis Coloma, calle Porvera y en la Alameda Vieja junto al Alcázar. En este último espacio crean una imagen perfecta, formando un escenario único. De hecho, es muy habitual que parejas de novios, niños y niñas de comunión o futuros papás se desplacen hasta allí para fotografiarse con estas joyas botánicas de la Alameda.

La Alameda Vieja es una de las plazas ajardinadas más antiguas y emblemáticas de Jerez. Se conocía como los Llanos del Alcázar por encontrarse junto al antiguo alcázar almohade de la ciudad. Esta situación, inmediata a un edificio de carácter militar, favoreció que no se realizase ninguna otra construcción, por lo que a fines del siglo XVIII seguía siendo un espacio baldío en el centro de la ciudad.

Las primeras jacarandas llegaron como regalo de los comerciantes-bodegueros a la ciudad. Viajaban por todo el mundo para vender sus vinos, según datos de archivo. No es de extrañar, por tanto, que las bodegas de Jerez cuentan con unos magníficos jardines botánicos históricos.

Jacarandas en calle Porvera durante el verano (Jerez). Jacarandas en calle Porvera durante el verano (Jerez).

Jacarandas en calle Porvera durante el verano (Jerez). / @MLUISAPARRA

Árbol legendario

Jacarandá es un nombre de origen tupí que significa fragante. Nativo del noroeste de Argentina, es uno de los árboles indígenas más bellos. Por las condiciones climáticas que le ofrece la ciudad en invierno, distintas a las de su hábitat natural, pierde las hojas durante la primavera, justo antes de la floración. Tiene dos grandes momentos de floración, uno con el árbol sin hojas en noviembre y el otro de menor magnitud en febrero/marzo en latitud pampeana, de un color indefinible entre lila y celeste. Del néctar de sus flores se alimentan colibríes y aves, además de ser también una planta de hospedaje para mariposas. 

Precisamente, en Argentina existe una curiosa leyenda que nos cuenta el origen de este árbol. Según dice, una joven española llamada Pilar de cabello oscuro y ojos azules emigró con su padre a la Argentina y se estableció en la provincia de Corrientes donde se enamoró de un joven aborigen, Mbareté. El padre de la española no aprobó la relación, de modo que los dos escaparon y se fueron a vivir a orillas de un río en una choza. El padre los descubrió y en un ataque de ira mató a los dos y dejó sus cuerpos abandonados. Más tarde, arrepentido, regresó al sitio de la matanza y los cuerpos ya no estaban. En su lugar había crecido un hermoso árbol de tronco fuerte repleto de flores azuladas. El hombre supuso que Dios había sentido misericordia de los amantes y por eso había convertido al joven en ese hermoso árbol y que los ojos de su hija lo miraban desde cada una de las flores azules.

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