Historias de oro

Deportistas discapacitados

Una de cada cinco medallas conseguidas por España en los Juegos de Pekín es obra de los paralímpicos andaluces. Once de ellos han hecho historia. Los campeones reclaman más ayuda para esta actividad

Historias de oro
Historias de oro
María José Guzmán

15 de septiembre 2008 - 00:00

La falta de oxígeno en el parto provocó una parálisis cerebral a Chema Rodríguez. A sus 28 años pinta cuadros y le apasiona el deporte, tanto que se ha convertido, contra todos los pronósticos, en el jugador de boccia más laureado de la historia. Dos veces paralímpico y dos veces medalla. Acaba de regresar de Pekín con la plata colgada del cuello. Tras su triunfo en Atenas 2004 su foto luce en el despacho de la alcaldesa de Jerez y en su casa tiene el título de hijo predilecto de Cádiz. El mérito es suyo y de su padre, José Rodríguez, que no ha parado hasta demostrar que su hijo, a pesar de la grave afectación de sus manos, puede jugar a la boccia, una modalidad de petanca adaptada, ser un campeón y todo un ejemplo para los discapacitados con los que comparte juegos en la asociación Upace de Jerez.

Muchos le siguen y alguno ha llegado ya muy alto. Manuel Martín, Supermanolo, asegura que la boccia es su vida. Hace ocho años, cumplidos sus 20, que la descubrió en Granada, hasta donde llegó con ganas de ver el mundo que se escondía más allá de su pequeño pueblo de las Alpujarras, Pórtulos. Pero a Pekín no ha ido de turismo, la mejor prueba es que este debutante ha vuelto con el bronce en su maleta, un motivo más para disfrutar con sus amigos, su pareja y su equipo, el Granada CF, su patrocinador, a quien agradece el apoyo prestado. “Aunque no sea de oro, estoy feliz”, comentó tras proclamarse vencedor.

Otros, como la judoka malagueña Carmen Herrera, no se conforman con menos y eso que ocupa el primer puesto en el medallero andaluz de Pekín. Deficiente visual por su condición de albina congénita, ha revalidado el oro de Atenas en Pekín. Tras quince años practicando el judo y esperando a que se convirtiera en deporte paralímpico, cree que todo el esfuerzo merece la pena y ahora también quiere medirse con deportistas videntes. Ya se ha impuesto en algún trofeo y es que en los últimos meses sólo se ha dedicado al judo. Tiene medallas de campeonatos europeos y ha sido cinco veces campeona de España en su categoría. También ha sido lanzadora de disco y jabalina y siempre se ha decantado por deportes individuales, por su gran nivel de exigencia que ella misma comenzó a cultivar en las instalaciones de la ONCE en Málaga, hasta donde se trasladaba desde Alhaurín.

Campeona en el deporte y en la vida, la Junta reconoció sus méritos con una medalla de Andalucía y hoy, a punto de cumplir 31 años, ha demostrado que la integración es posible y que todos los obstáculos se pueden salvar, con tesón y perseverancia. Es pionera del judo femenino.

Haciendo historia. Otra de las páginas la ha escrito el granadino Tomás Piñas. Se quedó parapléjico cuando tenía 12 años a consecuencia de una operación de alto riesgo que tocó su médula y le dejó en una silla de ruedas. Nadie en su categoría había conquistado una medalla paralímpica. En Atenas no pudo llegar a la meta, pero ahora el sueño se ha cumplido. Lleva 14 años en la élite del deporte adaptado y todavía le cuesta creerlo. “Pocos deportistas del mundo pueden llegar a conseguirlo”, asegura desde Pekín. Él se inició en tenis de mesa por casualidad “o quizás porque estuviera escrito en mi destino”, asegura. Tras quedar parapléjico abrieron un club en los bajos de su domicilio y, un buen día Manuel Robles, cinco veces paralímpico, le preguntó en plena calle si le apetecía practicar y formar parte de un club, hoy cantera de campeones. Lo que empezó como un entretenimiento se ha convertido en su vida. “Me ha ayudado a ser quien soy, a fortalecerme como persona, a nivel físico y psicológico, a ser independiente y vivir con todo el mundo, a luchar y no rendirme, y a viajar por todo el mundo y conocer a gente”, comenta casi sin aliento.

Los deportistas paralímpicos que conocía a través de documentales de televisión han compartido comedor con él en Pekín. “Nos hemos dado a conocer”, asegura bromista. Tomy, como le llaman su familia y sus amigos, es protésico dental, pero no ejerce porque el deporte le ocupa actualmente todo el tiempo. No sabe qué pasará en el futuro y se emociona al pensar en la cita de Londres 2012. Tiene sus ideas muy claras, la cabeza es su punto fuerte, y sabe que con las becas exclusivamente es muy difícil vivir del deporte adaptado.

Su compañero de equipo en el CajaGranada, José Manuel Ruiz, conoce muy bien esta historia. Éstos han sido sus cuartos Juegos Paralímpicos y, a pesar de todo el esfuerzo, mantiene la misma ilusión con la que llegó a Atlanta en 1996. Sus mejores resultados fueron los de Sidney 2000: plata y bronce. Ahora regresa con otra plata y el convencimiento de que ha cumplido con su deber. “Esta medalla es muy especial porque el tenis de mesa es el deporte rey en China y jugar una final olímpica allí, contra los chinos, es un sueño”, explica.

Este granadino padece agenesia, un desarrollo incompleto del brazo derecho, lo que no le ha impedido partir como uno de los grandes favoritos del equipo español. No en vano es el líder mundial de palistas de la clase S10, la de discapacitados físicos más moderados, y ha ganado varios oros en los últimos meses en varias citas.

Su vida gira en torno al deporte. Gracias a él conoció a su mujer, Kristina, que era intérprete en el Open Internacional de la República Checa. Amor a primera vista y, nueve años después, siguen igual de enamorados y son padres de Adriana, de dos años. “Desde que nació nos va de fábula”, comenta el palista. Su vida es al go más: está licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y desde hace un año trabaja como maestro en un colegio. “Y si he estado en Pekín es gracias a mi madre y a mi padre, mi mayor fan”, admite.

No es el único universitario andaluz que ha acudido a Pekín. Álvaro Valera, sevillano de 25 años afincado desde hace poco en Madrid, estudia y entrena a un nivel muy exigente. Está cursando Turismo, después de abandonar la carrera de Periodismo, y aunque reconoce que es duro hacer doblete, no se desanima. Juega en un equipo de discapacitados sevillano y también en otro de Rivas Vaciamadrid con gente sin discapacidad en la Segunda División de la liga de tenis de mesa. Un reto tras otro para un deportista que ya fue subcampeón europeo en 1997, con tan sólo 14 años y campeón del mundo un año después. Ya tenía un oro en Sidney 2000 y, quizás por ello, la medalla de bronce de Pekín sabe agridulce.

Más agria que dulce fue la derrota del equipo de fútbol sala, que dejó a los españoles en un cuarto puesto tras perder en la tanda de penaltis contra Argentina. “Hemos estado gafados durante el torneo y algunas decisiones arbitrales han sido injustas; suena a excusa, pero es cierto”, alega Álvaro González Alcaraz, malagueño de 34 años y portero de la que él denomina la selección andaluza de fútbol sala para ciegos, pues seis de los diez miembros del equipo son de esta región.

Pero Álvaro, que abandonó la División de Plata cuando jugaba en la UMA para ser internacional, no se arrepiente de su decisión y asegura que los ciegos no dejan de sorprenderle. “Ha supuesto un antes y un después en mi carrera deportiva”, asegura el deportista, que ha disfrutado de los Juegos en Pekín junto con su novia. Según explica, éste es un juego totalmente distinto al de videntes, “como con menos pase, con menos velocidad, pero engancha mucho”, confiesa. En el fútbol sala para ciegos, el guardameta es el único que no lleva un antifaz. Su misión, además de evitar los goles, pasa por ordenar y orientar a sus compañeros en la zona defensiva. “Somos un gran grupo, son mis compañeros y mis amigos”, relata el portero que se muestra estremecido con la fuerza de voluntad, la constancia y el espíritu de superación de muchos atletas con graves limitaciones físicas con quien ha convivido en las dos últimas semanas. “Es digno de admiración”, resume.

A David García del Valle le ha impresionado conocer a Óscar Pistorius, un atleta surafricano de 21 años paralímpico que estuvo a punto de clasificarse para los Juegos Olímpicos este año. Corre sin piernas, con dos prótesis y acaricia las marcas de los campeones. Es un ejemplo para este judoka almeriense de Aguadulce, con una deficiencia visual de nacimiento. Lo único que se ha colgado en el cuello en Pekín ha sido la acreditación, comenta con simpatía y sin decepción: “Lo más grande para un deportista es ser olímpico o paralímpico, defender a tu patria, yo debuté hace ocho años y quiero traer el oro a Almería algún día”.

Vuelve a casa con una rotura de ligamentos y cuatro kilos de más, los que ha engordado comiendo hamburguesas y pizzas en la villa olímpica. “Sólo he comido eso, lo he hecho para hacer un estudio de campo, y puedo decir que esta comida engorda, prometo volver a la verdurita de mi tierra”, comenta bromista. Para él, el judo es más que un deporte, es una forma de expresarse y su práctica le exige la superación cada día. “Es una unidad de medida con la que podemos valorar nuestro esfuerzo cada segundo, la competición nos hace más fuertes y nos ayuda a afrontar las barreras en nuestra vida diaria”, explica el malagueño que, desde muy pequeño, fue instruido en esta arte marcial por sus padres y a los 14 años comenzó a competir tras entrar en contacto con la ONCE hace una década.

A otros, como el ciclista Francisco González Montañés, vecino de Churriana, en Málaga, le costó más descubrir la terapia del deporte. Sufrió un accidente por exceso de velocidad y tardó cinco años en asimilar que se había quedado ciego. La bici fue su refugio. Y el tiro con arco fue el salvavidas de José Manuel Marín, almeriense de Roquetas de Mar, que quedó parapléjico tras sufrir un accidente laboral. “Cuando empecé creí que esto era una lotería, que siempre le toca a otro”, dice. Su reciente diploma le dice que no es así. Los paralímpicos son muy exigentes. El malagueño Carlos Soler, jugador de esgrima en silla de ruedas, tenía la espinita clavada desde Atenas 2004. “Estuve 4 días en un hospital por una úlcera provocada por el mal rollo con los entrenadores que no me prepararon lo suficiente los días antes de la competición”, comenta el tirador de Torremolinos que se conforma con el diploma que ha obtenido en Pekín. Su mujer es su principal crítica, pero también su apoyo, como su hijo Carlos. Ellos siguieron el asalto por internet. La familia de Antonio García, sevillano de Mairena del Alcor y el paralímpico más veterano de Andalucía, se trasladó a Pekín al completo para animar a su padre y marido en sus terceros y últimos Juegos Paralímpicos. El ciclista, ingeniero técnico, está afectado de poliomelitis desde los nueve años de edad y consiguió el oro en Atenas 2004. Este año un cuarto puesto le ha relegado al diploma, pero, de momento, no se piensa jubilar. Con 52 años, piensa prepararse para el Mundial de 2009 que se disputará en Dos Hermanas. Aunque nunca colgará el maillot.

Unos van y otros vienen. El jiennense Miguel Ángel Martínez Tajuelo, de 24 años, ha revolucionado a media Andalucía. Si un día no puede acudir a la piscina, parece que le falta la vida. Hasta hace sólo dos años sólo practicaba en verano, porque en su pueblo no había piscina cubierta, luego empezó a ir dos días en semana a Córdoba, al Club Fidias, y ahora regresa de Pekín. Los más veteranos aseguran que es un “diamante en bruto”, vuelve con un diploma y la promesa de ser un gran nadador paralímpico en los Juegos de Londres.

Los de Pekín han sido los juegos de Enhamed Enhamed, el nadador canario de ascendencia saharaui que se ha subido cuatro veces a lo más alto del podio y también los de Teresa Perales, que regresa a casa con cinco medallas. Muchos recordarán al español de origen marroquí, de bronce y oro, que perdió un brazo y llegó en patera tras cruzar el Estrecho. Pero la mayoría de los paralímpicos andaluces se quedarán con la excelente organización, los voluntarios, los días de risas y compañerismo en la villa olímpica, con las nuevas amistades y con el regateo con las vendedoras chinas de forzado y sorprendente acento andaluz del Mercado de la Seda. El deporte ha sido la mejor terapia para ellos y los ha convertido en deportistas de élite. El próximo sueño tiene fecha y Chema Rodríguez y sus compañeros de equipo ya están entrenando.

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