Y Jerez cumplió su sueño rociero

El Rocío 2022

La hermandad del Rocío volvió, tras dos años sin romería, a cumplir con la tradición de cruzar el Guadalquivir para internarse en las arenas del Coto de Doñana

Imágenes del embarque de la Hermandad del Rocío de Jerez

La salida de la Hermandad del Rocío de Jerez, en imágenes

Imágenes del dispositivo en Bajo de Guía de la Guardia Civil

El Simpecado de la Hermandad del Rocío de Jerez, subiendo a la barcaza.
El Simpecado de la Hermandad del Rocío de Jerez, subiendo a la barcaza. / Manuel Aranda
M. Sotelino

01 de junio 2022 - 20:18

Nueve y cuarto de la mañana. Cristina era un hervidero de fervor rociero. Era la hora en la que el Simpecado se trasladaba a la carreta magníficamente exornada de flores camperas y alegres. Estaba el trigo, el romero y la uva junto con las malvas rosas y la amarillas de pitiminí. Llegó el Simpecado y la marcha se iniciaba camino de la aldea del Rocío. El gozo de los peregrinos se enervaba conforme los nuevos mulos del Simpecado apretaban los dientes y tiraban Porvera arriba. La comitiva llevaba un recio sabor campero. Banderolas con los colores de la enseña nacional, la de Jerez y una bandera blanquinegra que llevaba el escudo dominico, lugar y espíritu donde radica el fervor rociero de la ciudad.

Las clásicas palomas en la Escuela San José con los más pequeños anunciando ‘vivas’ a la Virgen para ir haciendo cantera rociera. Tras ello, la visita al santuario de San Juan Grande donde esperaban los necesitados de salud. Un guiño a la Santísima Virgen del Rocío para pedir salud a los impedidos.

Y así, fue la larga fila de carruajes, tracción mecánica y carretas internándose en la carretera de Sanlúcar, buscando El Barroso para el primer Ángelus de la hermandad. Hay que destacar el trabajo denodado de los efectivos de la Guardia Civil, siempre servidores públicos, que son capaces de hacer todo aquello que ahora parece exigir la Dirección Nacional de Tráfico a las hermandades. Regulando el paso de los vehículos y resguardando la seguridad de los romeros jerezanos por el duro asfalto, caliente al sol, y fresco cuando tomaba una sombra provocado por un cirro que traía el viento de poniente para vencer al calor de un primer día de junio.

Incidente

El incidente vino cuando, ya cerca de Ventosilla, en un cambio de rasante, un mulo desacostumbrado tras dos años sin Rocío, se desbocaba, asustado, y provocaba el vuelco de la carreta número nueve que iba tras el Simpecado. La carreta de Los Bolis. Todo un clásico. Fue solo un incidente que provocó que una mujer tuviera que ser atendida por el personal sanitario de la hermandad con algunos puntos de sutura en la cabeza. Cuando el 061 hacía acto de presencia en medio de tanto asfalto, ya todo estaba subsanado. La carreta arriba y arreando. Y la afectada totalmente restablecida. Incidentes que ocurren y que no pueden ser controlados. Y que afortunadamente quedaron en un susto. Sin más.

Todo este incidente y el retraso que ya traía la hermandad desde su salida provocó que el Simpecado llegara al rengue de Ventosilla con el tiempo justo para dar de beber a los animales y seguir camino adelante. Con todo, Jerez llegaba a Sanlúcar con algún tiempo de retraso para embarcar. Contratiempos e incidencias que hacen que todo este ámbito del Rocío sea solo y exclusivamente de la que Reina en las Marismas. Ella lleva bien la cuenta de cuánto esfuerzo, cuánta ilusión impregnada en cada romero por pisar las arenas de Malandar -playa que espera para recibir el gozo rociero hambriento de llegar hasta las plantas de la Blanca Paloma-.

Entremedio de toda esta logística que protagoniza siempre a la primera jornada rociera que se centra en la llegada a Bajo de Guía, las oraciones de un cura que anónimamente, y tras unas gafas de sol, camina ensimismado en sus oraciones, ese jerezano con treinta rocíos a las espaldas que llega al cruce de Trebujena y tiene que pedir que alguien lo lleve a Sanlúcar porque los años ya pesan. La sonrisa colectiva de un grupo de mujeres que andan por la carretera y con educación piden al vehículo del Diario una botellita de agua. Todos ellos con un mismo fin: alcanzar la Sanlúcar bendita que siempre es el nexo que une lo puramente urbano con la maravilla de la naturaleza que reina en el Coto de Doñana.

La hermandad, con su Simpecado, embarcó finalmente a las 18:45 horas. Lo hacía en la barcaza de Cristóbal. La hermandad, una vez en el Coto, tomaba el camino del Muro para recortar camino por la Plancha y así llegar a Marismilla recortando tres kilómetros. Lugar donde pernoctan los romeros. Tras el cansancio del día entre el asfalto y el mar, la noche vencía el sueño de todos. Y las estrellas brillaban más que nunca cuando asomaron y vieron desde el Cielo tanto fervor y devoción a la Santísima Virgen del Rocío. El jueves será otro día. Jornada de arenas y de pinos. Y Ella seguirá marcando los tiempos, el temple y las distancias. A la espera de recoger a todos y cada uno de los rocieros en su ancho delantal donde todos caben y nadie sobra.

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