La Madrugada

Noche en blanco y negro

  • Más público del acostumbrado en una Noche de Jesús marcada por los sucesos de la plaza Esteve, que metieron el miedo en el cuerpo

LA Noche de Jesús se desperezó con el suceso de la cafetería San Francisco en la plaza Esteve que gracias a Dios no tuvo consecuencias de extrema gravedad pero sí un tremendo susto, que rápidamente se transmitió a la muchedumbre que esperaba la salida del Nazareno de la Via Crucis. Todo sucedió cuando ya estaba en la calle la cofradía de las Cinco Llagas que no vio modificado su recorrido. Sólo tuvo que aligerar la salida para dejar espacio a los servicios de emergencia. En todo momento estuvieron pendientes los delegados de día de la Unión de Hermandades por si se precisaba aplicar alguna variación en horarios o recorridos, lo que finalmente no fue necesario.

Se vio algo más de público por las calles tal vez por lo agradable de la noche que invitaba a estar viendo cofradías. No así en los palcos que ofrecieron el aspecto desolador de costumbre con muy pocas unidades ocupadas. Los que quisieron usar los suyos se encontraron con que los responsables les invitaban a ocupar otros que no eran los suyos, con la lógica incomprensión de los abonados. Viendo el triste aspecto de los palcos se plantean cuestiones como si se debería arbitrarse alguna medida alternativa, tal vez abrir los palcos para que los ocupe el público que esté en la calle. Eso haría posible dar un aspecto diferente al menos a la primera parte del recorrido común o en las zonas donde se concentren más personas. Por cierto: la más absoluta soledad presidió Aladro.

Otro aspecto a cuidar es el de la limpieza, algo que se echó de menos en la zona de paso de las cofradías en la Carrera Oficial con demasiados desperdicios muy visibles. No es algo nuevo en el trazado oficial y en otras muchas calles de los recorridos de las hermandades. Se cumplieron los horarios en una Madrugada con cortejos que siguen más o menos invariables en su número de nazarenos. Fueron las cinco hermandades de costumbre, por el momento, que respondieron a sus respectivos estilos de salir a las calles.

Centrando la crónica en cada hermandad de la Madrugada, el Santo Crucifijo de la Salud dejó a todo el que la vio ese sabor especial de una corporación que tiene muy bien aprendido el guión que debe cumplir en su salida procesional. Todo perfecto desde que salió, con petalada incluida en San Pablo, algo poco común en este tipo de hermandades de negro. Como siempre, la cofradía de San Miguel fue un deleite verla pasar y muy vistosa por cierto la bandera pontifica que estrenó este año. El Silencio Blanco como es conocida la hermandad de Las Cinco Llagas también se mantuvo en sus esquemas habituales de orden y rectitud con el detalle de engrandecer el cortejo que daba escolta al libro de difuntos de la cofradía, poniendo de manifiesto la importancia que tiene para la corporación quienes han pasado por ella y la han hecho lo que es hoy en día.

Los silencios entonados en negro y blanco dieron paso a la algarabía que es inherente a la hermandad que da nombre a la Madrugada jerezana, la de Jesús Nazareno. Presenciar esta cofradía es traer al presente unas formas y un estilo de hermandad que ya se perdió y quedó en el olvido de los tiempos pretéritos de esta tierra pero que sin embargo sigue estando en el hoy cofrade jerezano gracias a la corporación de San Juan de Letrán cuya vigencia se pone de manifiesto cada Madrugada con sus hermanas faroles en mano exponiendo su fe y devoción al Nazareno de Cristina. Son la gente de Jesús, son los cofrades singulares de la Alameda de Cristina. Fue una alegría ver crecer las filas penitentes de la hermandad. Un testimonio de gran valor fue la presencia que formaron cargadores del Cristo de la Expiración, los que horas más tarde se ocuparían de pasear a su estilo al Cristo de los cristos jerezanos. Una delicia ver a esta hermandad por las calles con sus marcadas diferencias y sin importarles que los aires cofrades

vayan en su gran mayoría por otros derroteros estéticos con un misterio caminando como manda Jesús y las andas del Traspaso que mantienen la norma de que su movimiento se distancia por completo de la quietud que buscan las mayoría de los palios. 

Son las gentes del Nazareno, invariables en su vocación y fieles a lo que han heredado desde muchas generaciones pasadas. Una cofradía totalmente suya y absolutamente insertada en los genes del Jerez cofrade. Tanto fue así que el Jueves Santo entrego dos patentes a hermanos que cumplieron 75 años de pertenecía a la corporación. 

La penúltima hermandad en pasar por la Carrera Oficial devolvió los silencios negros a la noche. La Buena Muerte ofreció también su clásica estampa de cofradía de estricta penitencia y severa en sus formas,  que  ya  sueña con el 2015, año en el que dicen que se quiere tener abierta la iglesia de Santiago, templo al que desea volver para normalizar su vida cultual y retomar el necesario impulso que precisa la corporación para crecer en las calles. 

En una Madrugada tan de silencios, la llegada de la hermandad de la Yedra revitaliza los ánimos y los pone de nuevo a tono ¿Qué sucedería si la cofradía de La Plazuela abandonara la Noche de Jesús? Seguramente que sería un golpe fortísimo aunque eso le supusiera a La Yedra la apertura a nuevas posibilidades de crecer hasta cotas mucho mayores. 

El manto verde y oro de La Esperanza Coronada cerró con sus brillos la noche para movilizar al gentío en un nuevo día de grandes emociones y alegrías por la Plazuela. Y es que cerrar la noche, cuando el día ya se alza pleno en las Puertas del Sol, es uno de esos momentos impagables de la Semana Santa.


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