Diario de Pasión

La Piedad e Ignacio López: 300 años

El duelo del paso de palio de la Piedad. El duelo del paso de palio de la Piedad.

El duelo del paso de palio de la Piedad. / miguel ángel gonzález

Hace 300 años, en 1718, se bendicen las imágenes de la Virgen de la Piedad, San Juan y las Tres Marías de la hermandad del Santo Entierro. El 13 de diciembre de ese mismo año es enterrado en la Prioral de El Puerto Ignacio López, el imaginero al que viene siendo atribuido últimamente este memorable grupo escultórico. Ambos aniversarios justifican un somero recuerdo en esta Semana Santa de 2018.

Ignacio Francisco López nació en Sevilla en 1658. Sus años de formación coincidieron con el auge del gran taller de Pedro Roldán, en suya órbita podemos situar a López. Pese al talento que demostraría en sus años hispalenses, decidió dejar su ciudad natal e instalarse en torno a 1680, sin duda, en busca de mejores perspectivas laborales, en El Puerto de Santa María, en aquel tiempo floreciente gracias al comercio americano. Se convertirá desde entonces en el principal escultor de la zona en la transición de los siglos XVII y XVIII. Su trabajo, de hecho, está probado documentalmente para diferentes localidades de la comarca.

Su obra en Jerez suponemos que fue muy extensa, aunque sólo contamos por ahora con ciertas evidencias, de carácter cronológico sobre todo, y un estudio formal, en base a comparaciones con su producción confirmada, que ha permitido una gran cantidad de atribuciones. Estas piezas jerezanas coincidirían con casi toda su etapa vital en El Puerto: desde su más que probable participación en el retablo mayor de Santo Domingo, acabado en 1690, hasta los años y meses previos a su muerte en 1718. Es en este periodo final cuando revolucionaría la imaginería procesional de Jerez siguiendo unos patrones estéticos plenamente barrocos en su efectista teatralidad. El comienzo fue la realización del grupo de la Virgen del Desconsuelo en 1713. Su inmediato y rotundo éxito artístico y devocional explicaría el encargo de la imagen del Señor de las Penas, bendecido al año siguiente. Dos viejas cofradías se animarían a seguir la senda iniciada por la nueva hermandad renovando parte de sus imágenes. Así, la de San Bartolomé incorpora en torno a 1719 las tallas de su apóstol titular y de la Virgen del Mayor Dolor, por lo que pudieron ser las últimas piezas que quedaron en el taller de López tras su muerte. Lo sabemos por un auto originado por el traslado de su cofradía desde el convento del Carmen a la parroquia de San Dionisio y que se conserva hoy en el Archivo Diocesano. Si su autor fuera, como todo parece indicar, Ignacio López, debieron de ser encargadas en 1718.

Ese mismo año se bendice el referido conjunto de la Piedad. Las cuentas de la hermandad son muy minuciosas, recogiendo todos los gastos originados por la ejecución, pelucas, vestimentas y hasta el papel del contrato, incluyendo los pagos al escultor y al policromador que intervinieron en las cinco tallas, aunque desgraciadamente omite sus nombres. En la documentación el conjunto es llamado como "paso del Descendimiento" pues se hicieron para formar parte de la representación de esta escena pasionista que se hacía cada mañana del Viernes Santo.

Las efemérides de los 300 años del fallecimiento de Ignacio López y las imágenes del palio de la Piedad, pero también de las de la Virgen del Mayor Dolor y San Bartolomé, merecen nuestro recuerdo y, tal vez, una serie de iniciativas para divulgar la figura de López y su obra, un artista hasta hace sólo 12 años prácticamente desconocido pero que ahora sabemos que dejó una huella profunda en el arte y la Semana Santa de nuestra provincia.

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