Rosa de plata a los pies del Señor
Consuelo
La hermandad vivió una salida en la que estuvo muy presente el año en el que se ha reforzado el carisma de Santa Ángela.
SUENA Mater Mea, inequívocamente estamos ante la Hermandad del Consuelo que anda y camina en cofrade desde El Pelirón siendo fiel a los principios que inspiraron su nacimiento, en buena parte vinculados al carisma de la Compañía de la Cruz y de su fundadora, Santa Angela, y, desde hace poco de Santa María Purísima de la Cruz, cuya imagen, la primera creada en la Diócesis, recibe culto en la pequeña capilla de la hermandad.
Los hermanos llevan vistiendo la túnica una década, portando este año en su cintura un rosario o corona dolorosa como el que llevan las Hermanas de la Cruz cuando toman los votos perpetuos. De esta forma y con estos signos, la hermandad ha vivido un año en el que se han estrechando los vínculos espirituales e inspiradores que tomaron de las religiosas sevillanas. En lo patrimonial no hubo novedades aunque sí en el aspecto espiritual, que no es poco.
María Santísima del Consuelo y el Señor del Amparo, dos advocaciones y dos devociones que siguen asentándose en el barrio que vio nacer a la corporación, que arrancó, hace ya mucho, con un grupo de chavales que sacaban una procesión. Desde ahí hasta hoy.
Sí hubo un estreno, que más que tal fue un sentimiento convertido en plata; una rosa de ese metal a los pies del Señor del Amparo que sustituye una rosa natural, roja, que se situaba ahí como señal de donde había caído una gota de sangre de Cristo. Un detalle situado sobre un monte pedregoso rematado con un elegante arreglo floral, igual que en el palio, adornado con diferentes variedades de color blanco.
El Consuelo lleva a gala la rectitud de su cortejo: elegante y severo. No es algo impuesto ahora, viene desde sus inicios. Del mismo modo, la música es acorde en ambos pasos. En el misterio tocó la jerezana de La Magdalena, muy afinada pero corta de músicos. En cuanto al palio, este año la hermandad ha cambiado la formación para contratar la banda del Carmen de Villalba del Alcor, que dejó una magnífica impresión, la cual se ajustó a los dictados musicales de la hermandad, con marchas como las que suenan nada más salir que más que composiciones musicales son signos para la cofradía, en la que estos no son adornos, definen ante todo el carácter de la hermandad.
Dos saetas, una a cada titular, se cantaron desde la puerta de la sede de la peña 'El Viejo Simpecao', que vive casi enfrente del Consuelo. La Armada escoltó a ambos pasos con representaciones en las presidencias.
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