El regalo de La Constancia a Jerez
La paz
La Hermandad de Fátima celebra su estación con un ojo puesto en el cielo por lo inestable del tiempo.
POR año que va pasando, y ya este es el sexto que pisa la Carrera Oficial, la joven Hermandad de la Paz va cogiendo hechuras cada vez más poderosas de hermandad elegante y que sabe lo que quiere. Y en este 2016 no iba a ser menos, a pesar de lo inestable del tiempo, demostrándolo desde que, diez minutos antes de las la cinco de la tarde, la hora torera por excelencia, plantara su cruz de guía en la puerta trasera del templo parroquial de Fátima, junto al coso de la calle Circo, en el torero barrio de La Constancia.
He dicho que son hechuras de cofradía grande las que está tomando esta corporación, heredera, como otras que hacen su estación de penitencia en el primer templo de la ciudad, de una de las asociaciones juveniles de Viernes de Dolores que surgieron en los ochenta en barrios donde fueron el único referente cofrade.
Un elegante cortejo de nazarenos, rondando los ciento ochenta, encabezados por la vistosa cruz de guía, que porta el Lignum Crucis, y vistiendo su característico hábito blanco y carmesí, avanzaba ordenadamente mientras en el interior del templo se preparaba para salir el paso de misterio, representación del momento en el que a Jesús le hacen entrega de la cruz para que inicie su caminar hacia el Calvario.
Cuarenta hombres a las órdenes de Jesús Caro, recientemente elegido hermano mayor de la corporación, lo ponían todo de su parte, con torería y compás, para llevar al Señor de la Paz por las calles de Jerez. Estrena este paso de misterio los faldones, donación de un grupo de hermanos, y las vestimentas de algunas de las imágenes secundarias. Reseñable, por lo novedoso, el exorno floral a base de lirios morados, a juego con el color de los nuevos faldones. Tras el paso, un año más, la Agrupación Musical Virgen de Valme de Dos Hermanas, que por duodécimo año consecutivo continúa acompañando con su buen hacer musical a esta joven cofradía.
La imagen de la Virgen del Refugio, hermosísima talla que saliese de las gubias de Elías Rodríguez Picón, con su manto carmesí a juego con caídas y faldones, hacía su aparición bajo el dintel de la puerta trasera del templo, soberbiamente decorada a base de claveles rosas, fresias y flores de cera, lo que muestra a las claras el exquisito gusto del equipo de mayordomía de esta Hermandad. Un año más, José Luis Lobato se puso al frente de los treinta costaleros que calza este palio y, en el apartado musical, la Banda de Música Álvarez Quintero de Utrera, que con un selecto y elegante repertorio acompañó el caminar de la Dolorosa de la Constancia por las calles de su barrio y de todo Jerez.
Para reseñar en el caminar de la Hermandad de la Paz, su primer encuentro de la jornada, con sus hermanos los bomberos. Momento lleno de emoción para la cofradía y para el barrio, en que la cofradía se hace una con los hombres del parque de Martín Ferrador que, como cada año, han acompañado y dado escolta a esta joven corporación. Tradición que va consolidándose cada año es que, desde el vehículo autoescala, dos bomberos proceden a hacer una ofrenda floral al Señor de la Paz y a la Virgen del Refugio.
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