El Rocío 2019 El Cerro de los Ánsares rompió en dos a la hermandad de Jerez

  • Las pocas lluvias acaecidas en los últimos meses junto a lo quebrado del camino deja a la hermandad de Jerez rota en las arenas

El Cerro de los Ánsares dejó enterrados a muchos vehículos en las arenas. El Cerro de los Ánsares dejó enterrados a muchos vehículos en las arenas.

El Cerro de los Ánsares dejó enterrados a muchos vehículos en las arenas. / Manuel Aranda (Jerez de la Frontera)

Eran las once de la mañana cuando se iniciaba la Misa de romeros en el Cerro de los Ánsares. Ese paraíso que el Coto reserva para el gozo de la hermandad de Jerez que, al ser la última en cruzar por el cerro, tiene tiempo suficiente para celebrar la liturgia ya que nadie empuja por detrás. Aquello fue una magnífica idea del padre Alexis. Ese fraile peregrino al que la Virgen se le presentó para que pusiera un altar en lo alto de la loma, donde se pierde el olor de la lavanda y se hace presente la copas de los pinos. Desde entonces, la Misa es ya una tradición en aquel lugar donde las arenas se vuelven escurridizas.  Toda la tracción mecánica quedó tocada. Vehículos todoterrenos y hasta los gigantes del coto como son los tractores se vieron atemorizados por la dureza de la blanca arena. Pocas veces se han visto tantas carriolas enterradas en las ‘roás’. Esta incidencia propició que todo el día estuviera prácticamente motivado por esta circunstancia. Eran las cuatro de la tarde y aún había vehículos enterrados cuando la carreta ya se encontraba tras la ‘Laguna del Sopetón’. Lugar donde la hermandad este año ha almorzado ya que la misma laguna estaba sitiada por un vallado. La explicación que ofrecieron a este medio los guardas forestales es que “hay un nido detectado de un milano real. Una especie en peligro de extinción que hay que cuidar. Así que se decidió por las autoridades del coto bloquear la zona para el paso de los romeros”. La hermandad dio el rodeo por el Sopetón y almorzó tras la laguna para no molestar a las aves.

Mientras unos comían otros iban saliendo de las arenas a unos cuantos kilómetros por la zona de los Ánsares. Y esto hizo que la hermandad se rompiera prácticamente en dos. Algunos romeros manifestaban al vehículo de Diario de Jerez que “teníamos prevista la entrada esta noche en la aldea. Pero con el retraso acumulado no vamos a tener más remedio que dormir en el coto”.

Esta fue la tónica menos apetecible. Ver a Raúl Rodríguez Galisteo, hermano mayor de la hermandad de Jerez, preocupado porque una carriola se quedaba enterrada en las ariscas arenas de Doñana.

Lo positivo fue la Eucaristía en el Cerro de los Ánsares. Un año más presidida por monseñor Mazuelos Pérez, obispo de la Diócesis de Asidonia-Jerez. Fue la antesala a otra solemne Eucaristía que tendrá hoy lugar en el Rocío con todos los obispos del sur y en el que se abrirá el Año Jubilar Rociero por los cien años de la Coronación de la Virgen del Rocío. De todo ello habló en su homilía don José. Y de la alegría de tener ya a la Virgen a un tiro de piedra. Eso fue lo que quiso manifestar el prelado. Y ni una palabra más. Preguntado por una valoración de la romería por parte de este humilde cronista que sólo cumple con su trabajo, el obispo se refirió a lo dicho en la homilía “y no tengo más que decir”. Pues cerrado queda el apartado de declaraciones. Y no se hable más para no molestar al milano real.

Duro camino por las ‘roás’ como no podía ser de otra manera. Peregrinos que podríamos citar aquí y ahora y que tienen nombre propio pero que prefieren estar en el anonimato. Aferrados a los mulos que iban tirando como podían en una jornada que se levantó fresca hasta llegar a una temperatura ideal. Gran romería en cuanto a la meteorología. Hay que resaltar esta tónica que presagiaba grandes calores y que ha quedado en unas jornadas para ser enmarcadas.

Pero no todo se puede tener y volvemos a la crudeza de las arenas. A los muchos vehículos que se quedaron atrapados y a las fatigas que pasaron los romeros para alcanzar la meta de Guaperal.

Antes vino el conocido ‘Corral de Félix’ donde abrevaron las bestias. Y tras el almuerzo ‘El Cancelín’. Y de allí a Palacio para llegar a pernoctar en Guaperal. El asalto final llega mañana. Y los crudos senderos del coto y sus amarillas arenas se tornarán en explosión de alegría cuando la carreta de Jerez llegue a Bellavista. Y a Muñoz y Pavón. Y quede asentada la hermandad en la aldea para la espera de la salida de la Santísima Virgen. Todo se hace por Ella. Mauricio González Gordon iba a caballo por Doñana con su señora y tuvimos el privilegio de brindar con él. Elevó el vaso con un fresquito Tío Pepe y mirando al cielo y elevando el vaso dijo “que Ella siempre nos aguarde en el Rocío”. Mejor final no pudo tener esta crónica desde este paraíso terrenal que es el Coto de Doñana.

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