Nuevo reto ante la pandemia. Asegurar la seguridad

Opinión

Subasta de pepino de La Unión
Subasta de pepino de La Unión / Diario De Almería
Andrés García Lorca. Catedrático De Universidad. Consultor Territorial

04 de noviembre 2020 - 22:44

Andrés García Lorca. Catedrático de Universidad. Consultor territorial
Andrés García Lorca. Catedrático de Universidad. Consultor territorial / Diario de Almería

En tiempo de pandemia, donde la inseguridad alcanza todos los aspectos del vivir cotidiano se manifiesta de una forma más acuciante en la alimentación, de ahí las distintas medidas que se adoptan en los centros comerciales; pero al consumidor, independientemente de su escala de consumo, deberíamos ofrecer unas garantías de calidad e higiene alimentaria que identificasen los productos con su origen y con los procesos de llegada al mercado. La identificación de estas buenas prácticas en la producción, manipulación y transporte con los productos de origen, no cabe la menor duda que ello generaría confianza y en consecuencia promovería y aseguraría la demanda.

La trazabilidad de los productos del sistema agroalimentario, es la clave para la aceptación y consolidación de los referidos productos en los mercados nacionales e internacionales, de ahí que al control de este proceso no puede haber nada que, en modo alguno, quedase fuera o sustraerse a este sistema de control. Ciertamente que es una práctica habitual y extendida en el sisma productivo de la agricultura intensiva; es por ello que obligue al seguimiento de todos los productores agrarios, significando que sea prácticamente imposible comercializar un producto que no tenga claro el proceso de trazabilidad desde su origen. Con ello podemos ofrecer, desde una perspectiva de responsabilidad avalada, unos frutos con garantía de calidad sanitaria y organoléptica.

La trazabilidad de los productos del sistema agroalimentario es la clave

Este esfuerzo debe de completarse con la extensión de protocolos higiénico-sanitarios y de ciertas transformaciones estructurales en las instalaciones de manipulado que, si bien muchas empresas ya cuentan con ello y tienen cierta experiencia en estos procesos de manipulación y transporte, deben también alcanzar al conjunto del sistema productivo sin excepciones. El nivel de higiene del entorno de trabajo y de los operarios debe ser lo suficientemente adecuado, junto al estricto cumplimiento de los protocolos operativos como para evitar, no solo cualquier riesgo de contaminación, sino que pueda afectar a la pérdida de calidad del producto.

Bien es cierto, que todo ello exige unos niveles de adaptación funcional y operativa del sistema productivo, insisto, desde el origen, de ahí la necesidad de generar unos protocolos de cultivo unidos a unas exigencias de higiene en los operarios que desarrolla su actividad en los invernaderos, de la misma manera como se hacen en el resto de procesos hasta llegar al consumidor. Ciertamente que esto obliga a replantear algunos aspectos funcionales en los equipamientos productivos, pero no deben suponer inversiones inasumibles; tal vez con un adecuado planteamiento de las normas de seguridad laboral y de profilaxis en los cultivadores puede ser suficiente.

Un marco estratégico de acción es indispensable para hace llegar al consumidor final este mensaje de garantía de calidad e higiene de los procesos que, en definitiva, son los que configuran la seguridad alimentaria de la producción en su conjunto. Ahora bien, sin un adecuado plan de estrategia comercial basado en el desarrollo operativo de un programa de” inteligencia económica”, difícilmente se puede conseguir un adecuado éxito. Esta propuesta debe ser asumida por todos los agentes sociales involucrados y las administraciones públicas, las cuales, deben dar el soporte institucional jurídico y administrativo, junto al apoyo económico necesario, para hacer llegar esta realidad al consumidor.

En definitiva, se trata de transformar una situación de difícil capacidad competitiva por otra de muy alta capacidad, con posibilidad real de influencia en el mercado, en base a la aportación de un mayor valor añadido que tiene su justificación en el incuestionable y destacado nivel de salubridad y calidad de la producción que llega al consumidor.

Esta idea de asegurar la seguridad alimentaria, como hemos señalado, no permite márgenes para el error o conductas frívolas e inconsecuentes, de ahí la necesidad de actuar coordinadamente y con unos mismos protocolos tanto las productoras como la comercializadoras.

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