Las Ventas | Decimoctava corrida de la Feria de San Isidro Destellos de torería de Ureña

  • El murciano consigue el único trofeo del quinto toro en una desigual corrida de Alcurrucén

  • David Mora y Álvaro Lorenzo se marchan de vacío

Paco Ureña, en un muletazo de rodillas con la izuqierda al quinto toro, al que cortó una oreja. Paco Ureña, en un muletazo de rodillas con la izuqierda al quinto toro, al que cortó una oreja.

Paco Ureña, en un muletazo de rodillas con la izuqierda al quinto toro, al que cortó una oreja. / Javier Lizón / Efe

El murciano Paco Ureña, ante el mejor lote, se alzó como triunfador en un festejo en el que junto a David Mora y Álvaro Lorenzo lidiaron un encierro de Alcurrucén, de desigual presentación y juego.

Paco Ureña, con su sello, cortó una merecida oreja al largo quinto, un toro noblón y huidizo que de salida fue protestado por su falta de trapío. El murciano realizó una faena con retazos artísticos de máxima calidad. Comenzó de manera muy torera con unos estatuarios a los que añadió pases por bajo y del desprecio que fueron muy ovacionados. Con la muleta cogida del centro del estaquillador, buscó al noble e huidizo astado tanto en muletazos con la diestra como con la izquierda, con la que nacieron naturales de gran belleza que impactaron en el público, que coreó con oles, al igual que algunos muletazos de rodillas con la izquierda. Hubo magníficos remates, como trincherillas y hondos pases de pecho. Mató de pinchazo y un estoconazo tras tirarse a matar o morir. Fue premiado con un trofeo.

Ureña recibió con buenas verónicas y una preciosa media al segundo toro. Dando el pecho en los cites, toreó con mando con la diestra y con el vuelo de la muleta dibujó bellos naturales, sin que tuviera respuesta positiva por parte del público. Mató mal.

David Mora, con entrega ante su lote, recibió al primero, cuesta arriba y de seria cornamenta, con unas bellas verónicas. Brindó a su banderillero Ángel Otero, quien se lució en un gran par. Comenzó la faena de manera pinturera, con pases de la firma y remates por bajo. Con la derecha toreó con suavidad y ligazón a un toro con nobleza y que repetía, pero no humillaba y fue a menos. A la hora de matar sufrió un puntazo a la altura de los testículos y fue cogido nuevamente a la altura del abdomen a cambio de una estocada. Precisó de tres descabellos. Escuchó unas palmas, premio raquítico a su actitud y entrega.

El alto cuarto, con generosas perchas, sin poder, no transmitía. David Mora realizó una labor con muletazos de tanteo que no caló lo más mínimo en los tendidos. Estuvo a punto de ser cogido en la suerte suprema cuando el astado le tapó la salida.

Álvaro Lorenzo, con el peor lote, tampoco consiguió grandes cotas. Con el llamativo berrendo tercero no pudo lucirse con un toro tardo, frío, parado en la muleta y al que mató mal.

Con el sexto, noblón y sin clase, que cogió y propinó una voltereta tremenda al banderillero Víctor Manuel Martínez. Álvaro Lorenzo realizó un trasteo con temple y sin calado.

El espectáculo dejó para la memoria, principalmente, los destellos de torería de Paco Ureña.

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