El Fandi, que corta dos orejas, triunfador de la segunda tarde de Vitoria

El Fandi, en un pase de pecho, ayer, en Vitoria.
El Fandi, en un pase de pecho, ayer, en Vitoria.
Álvaro Suso (Efe) / Vitoria

07 de agosto 2014 - 01:00

El diestro granadino David Fandila El Fandi cortó dos orejas, una a cada toro de su lote, en el segundo festejo de la Feria de la Virgen Blanca de Vitoria, aunque no salió a hombros, ya que el reglamento vasco recoge que para tal honor son necesarios dos apéndices de un mismo astado.

En la segunda de la feria de La Blanca de Vitoria, un torero se alzó con dos orejas, aunque en el País Vasco eso no sea suficiente para salir a hombros cuando es una de cada toro y, sobre todo, con el público satisfecho.

No es que hubiera buen toreo, pero la gente vino a divertirse, aunque lo que le ofrezcan sea gato en lugar de liebre. Pero bien condimentado y con una buena presentación, más de uno abandonó la plaza pensando que había catado algún plato de estrella Michelin.

Los toros de Gerardo Ortega, cuatro con el sobrero que lidió Padilla, fueron pobres de presentación y tuvieron las fuerzas muy justas como para acometer con codicia. Los de La Palmosilla no quisieron destacarse de sus compañeros de cartel y tan sólo el sexto mostró buena condición, aunque acabó diluido en las dudas del Fandi.

El granadino fue el triunfador del festejo, pero no por cuajar faenas de calidad sino por una puesta en escena variada, con alegría y espectacularidad. Tuvo momentos destacados, como el tercer par a su primero, pero siempre dando un paso atrás con el capote y moviéndose con la muleta. Nunca se quedó quieto.

Además, cuando le tocó un buen toro, el sexto, no supo cómo aprovecharlo. Se le fue sin torear, perdido en dudas y topetazos con la muleta. A pesar de que estuvo muy por debajo de la buena condición del animal, unos molinetes en los medios y la certera estocada propiciaron una fuerte petición de la segunda oreja, cuya no concesión acabó por enfadar a algunos espectadores.

El Cordobés llevó a cabo faenas ligeras, con algún pase aislado, pero sin ceñirse lo suficiente en ningún muletazo y prefirió los gestos y los diálogos con el tendido para cimentar dos faenas correctas. Con todo, escuchó una fuerte petición en su primero, y eso que no hizo el salto de la rana hasta el cuarto, en el que falló matando, lo que apagó cualquier ilusión.

Padilla salió decidido; recibió a los dos de su lote con largas cambiadas de rodillas, pero, cuando el sobrero le exigió firmeza y poder, aparecieron demasiadas dudas en el jerezano, que no acabó de dominar al astado. En otros tiempos, Padilla se habría merendado al de Gerardo Ortega. Sólo banderilleó al quinto y no acabó de estar a gusto.

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