Toros

Un gran toro de Joselito pone en bandeja el triunfo a Del Álamo

corrida goyesca del dos de mayo en la plaza de madrid toros: Cuatro toros de La Reina y dos -primero y tercero- de El Tajo, bien presentados, nobles pero faltos de fondo y clase, a excepción del bravo y emocionante tercero, ovacionado TOREROS: Miguel Abellán pinchazo y estocada (silencio); y desprendida y dos descabellos (división al saludar tras aviso) Iván Vicente buena estocada (ovación); y caída (silencio) Juan del Álamo trasera y tendida (oreja tras aviso); y estocada caída (ovación) INCIDENCIAS: Más de media

Hacía Joselito su debut como ganadero en Madrid con una corrida en la que, a pesar de faltarle fondo y clase, hubo un toro muy bravo, el tercero, que le puso el triunfo en bandeja a un Del Álamo, que sólo cortaría una oreja.

Toro con boyantía de salida, cumplidor en varas y encastado, con buen tranco y calidad para la pañosa de un Del Álamo comprometido desde el primer muletazo. Faena planteada en los medios, entregada y enfibrada de Del Álamo, que corrió la mano con largura y por abajo, un tanto eléctrico, pero gustando al personal y creando un clima triunfal, pese a que faltara ajuste y más profundidad en los muletazos aunque, hay que decirlo, el de El Tajo fue de dos.

Con el sexto, Del Álamo, que ligó muletazos por uno y otro pitón, se metió con el animal al hilo de tablas, aguantando frenadas y exponiendo también en los circulares invertidos de fin de obra.

El primero de Abellán fue a menos y el torero anduvo sin acabar de encontrarse a gusto. El cuarto fue toro con posibilidades antes de acabar ahogado por Abellán.

El primero de Iván Vicente, también noble y de buen son en sus primeras arrancadas, se quedó pronto sin gasolina. Hubo torería en la apertura de faena y dos tandas por el derecho también con prestancia. La estocada final, de manual, fue perfecto corolario a una labor en la que el torero anduvo sobrado de oficio para, al menos, justificarse, de ahí la ovación final.

El quinto fue bravo en el caballo, acudiendo de largo y peleando con fijeza en el peto, pero fue el que menos se prestó de los seis en el último tercio, sin clase y a menos. Ni la entrega ni la buena actitud de Vicente pudieron obrar el milagro.

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