Las Ventas | Decimocuarto festejo de la Feria de San Isidro De Manuel destaca en una seria novillada de La Quinta

  • El novillero madrileño, que brilla con el capote, es ovacionado en su lote

  • El sevillano Ángel Jiménez y el mexicano El Galo son silenciados

Francisco de Manuel en unos doblones a su primer novillo. Francisco de Manuel en unos doblones a su primer novillo.

Francisco de Manuel en unos doblones a su primer novillo. / Javier Lizón / Efe

Los novillos de La Quinta, cárdenos, muy serios en presentación y comportamiento, resultaron exigentes. Fueron ovacionados primero, segundo, tercero y quinto. Las reses, como suelen ser las del encaste Santa Coloma, fueron una prueba de fuego desde el punto de vista lidiador para los tres novilleros:Ángel Jiménez, André Lagravere El Galo y Francisco de Manuel, único que destacó y fue ovacionado en su lote.

Francisco de Manuel conoce perfectamente el encaste Santa Coloma, ya que su apoderado, Carlos Aragón Cancela, es propietario de Flor de Jara, ganadería con este encaste que compró a la familia sevillana Buendía. Se comprobó que con estas reses, que evitan las figuras actuales, Francisco de Manuel dio la talla y brilló con el capote. Ante el tercero se lució con unas espléndidas verónicas tanto en el recibo de capa como en un quite que remató con una media arrebujada. Con firmeza, realizó una faena medida que comenzó ante un novillo que no admitía más de dos tandas y que se fue maleando. El diestro toreó bien por ambos pitones y estuvo a punto de ser cogido por el pitón derecho. Mató de estocada y fue ovacionado.

El sexto tenía más problemas de los que traslucía debido al buen trato de Francisco de Manuel, que manejó la franela con gran suavidad y empapando las embestidas del animal en el primer tramo del trasteo, que resultó lo mejor del festejo. Lamentablemente el novillo, que pecó siempre de falta de clase, se vino abajo.

Ángel Jiménez, fácil con el capote y aunque toreó con temple en la muleta, no caló en los tendidos en una faena medida ante un novillo noble y al que le faltó chispa en sus embestidas. Mató de feo bajonazo.

Ángel Jiménez tampoco consiguió llegar al tendido en su segundo, un novillo sin entrega, que en la muleta tuvo tendencia a tablas, fallando el ecijano con la espada.

A El Galo, mexicano, pero con ascendencia francesa –es hijo del matador de toros Michel Lagravere y hermano de Michelito–, le vino grande la prueba, aunque se entregó sin reservas. Ante el segundo, realizó un trasteo voluntarioso y con bastantes enganchones con un novillo noble y muy en santacoloma por su seriedad en las embestidas, apretando mucho para los adentros, como sucedió cuando el banderillero sevillano Lipi tuvo que tomar el olivo tras una persecución angustiosa. Incluso en el siguiente par precisó de un quite salvador de su compañero Víctor Pérez a cuerpo limpio, con las banderillas en la mano, antes de entrar en un burladero.

El Galo se entregó de principio a fin ante el engatillado quinto, que acometió con movilidad, pero sin clase. El torero derrochó más disposición que acierto. Variado con el capote, buscó el espectáculo en banderillas y se extendió de manera bullidora en un trasteo con epílogo por manoletinas.

La tarde fue para Francisco de Manuel, un novillero que entendió bien a su lote de un encierro serio en todos los sentidos de La Quinta.

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