Manzanares, luz de torería

El alicantino corta dos orejas al sexto toro, complicado · El Juli corta una oreja al mejor toro de un desigual encierro con cuatro astados de Daniel Ruiz y dos de Gavira · Rivera sale ileso de una cogida espeluznante

José María Manzanares, en un derechazo al sexto toro, al que desorejó.
José María Manzanares, en un derechazo al sexto toro, al que desorejó.
Luis Nieto

28 de abril 2009 - 01:00

La corrida llegaba a su epílogo tras escasas emociones. Más bien había caminado por la senda del aburrimiento, con algún pasaje interesante de El Juli en el segundo, del que le concedieron una oreja de las que denominan facilonas, y el sobresalto -afortunadamente quedó en un tremendo susto- de la cogida espeluznante de Rivera Ordóñez cuando fue zarandeado por el primer toro al sentirse herido en la suerte suprema.

Salió el sexto, de Daniel Luque, un toro con trapío, que empujó en un primero puyazo, huyó al sentir el hierro en la segunda entrada y recibió un puyacete tras tardear en acudir a una tercera cita. Juan José Trujillo le prendió dos grandes pares, especialmente el segundo. Por el toro no daba nadie ni un euro. No se había entregado en ningún tercio. Pero Manzanares, solemne, convirtió en liturgia la faena, en la que fue haciendo al toro y entretejiendo su tauromaquia hasta que afloró un haz de luz de torería mediterránea. Comenzó por bajo, sin tirones, moviendo la muleta como suave brisa para un pase de pecho más suave. Luego, otra tanda entonada. Y en la tercera, exigencia al toro, con muletazos de mano baja y temple. Ya en la siguiente el toro no tragó y echaba la cara arriba. Tomó Manzanares la izquierda y lo dejó ir a su aire. En la siguiente, le pidió algo más y dibujó un natural de escándalo. Otra, y otro natural que fue oro fino. El toro se puso a escarbar. Y cuando nadie del respetable creía que aquellas notas sueltas podían acabar en sinfonía, el alicantino tomó la batuta en la derecha. Muletazo de mano baja y tiene que cortar. Pero he aquí que echa la muleta al hocico del complicado toro, tira de él, lo embarca, alarga el muletazo y liga otros dos con la misma tersura y un trincherazo de cartel y el público, como un resorte, salta de los asientos, al tiempo que grita un ole. En la siguiente, el torero, que ha dado con la clave, remata la faena con una serie soberbia, en poder y estética, con tres muletazos de gran categoría, rematados con dos pases de pecho y el público puesto en pie. Se tiró con ganas en la suerte suprema y cobró una buena estocada para recibir dos orejas. Con el mansote tercero, Manzanares no llegó a entregarse ni centrarse.

El Juli cortó una oreja al manejable segundo. La apertura fue preciosa, cerrada con una bella trincherilla. Citó de largo para una serie templada. Arrancó la Banda de Tejera. El Juli, en los medios, bajó mucho la mano. Pero el segundo tramo de faena, con la izquierda, con el toro a menos, descendió en emotividad. Estoconazo. El madrileño apostó fuerte en el quinto, al que dejó crudo, lo que motivó que gazapeara. Se entregó sin poder conseguir frutos.

Rivera Ordóñez es otro de los que sale vivo de esta feria de milagro. La cogida que sufrió por su primero, mansote, al entrar a matar, fue espeluznante. El toro lo enganchó con el pitón derecho, cuando iba a caer lo levantó y se lo pasó al izquierdo y casi le mete el pitón en la ingle; cuando salía del forcejeo, la fiera le empinonó por detrás. En la refriega, el toro le desrrozó la taleguilla, sin calarle. Un milagro. Anteriormente, el torero prendió cuatro pares de banderillas en un tercio muy desigual y realizó un trasteo también desigual, con muchos aplausos en un circular invertido, con un toro manejable, que acabó rajado. Con el también manejable cuarto, aburrió.

La tarde fue para un José María Manzanares, luz de torería y claridad técnica, en una feria con demasiados nubarrones.

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