17ª de abono de Las Ventas

Talavante hizo la faena del ciclo

  • La espada privó al extremeño de cortar la segunda oreja al único ‘juampedro’ toreable de la tarde

  • Pablo Aguado encandiló a Madrid con su capote

  • Morante se quedó sin opciones

  • Chicharro quiere ser torero

Los redondos genuflexos fueron el epílogo de la gran faena de Alejandro Talavante al mastodóntico y noble ‘Rebeco’, quinto del envío de Juan Pedro Domecq.

Los redondos genuflexos fueron el epílogo de la gran faena de Alejandro Talavante al mastodóntico y noble ‘Rebeco’, quinto del envío de Juan Pedro Domecq. / EFE

CON la tarde despeñándose por la senda del aburrimiento por culpa de un envío ganadero que haría las delicias del carnicero, con más kilos y genio que bravura, entre los mastodontes que envió Juan Pedro Domecq sólo destacó Rebeco con lo que se cumplía el manido dicho de que no hay quinto malo. Fue una tarde que parecía una de esas muchas veladas veraniegas en Las Ventas en las que van saliendo de chiqueros un semoviente tras otro, pero con el sabor inconfundible del llenazo isidril. Una tarde más con el no hay billetes colgado en los ventanucos de taquillas, con lo que se confirma la buena salud de este espectáculo tan nuestro.

Y con la mala noticia del sectarismo imperante que ha prohibido los toros en Colombia arrancaba la segunda comparecencia del torero más esperado, ese José Antonio Morante que anda en una de esas encrucijadas que un torero sufre a lo largo de su carrera. Y sólo con ver el rostro del orfebre cigarrero se atisba que algo se ha desordenado en sus adentros. Ciertamente, su encargado de meter la mano en el sombrero no le da suerte y no hay una tarde de acierto con un toro bueno. Y eso que parece salir con ganas de triunfo, como hizo en el que abrió plaza, un castaño de nombre Valedor al que Curro Javier le hizo una lidia modélica, pero que no sirvió para que el animal aprendiese a embestir. Un torazo descomunal con el que Morante quiso, pero con el que hubo de desistir a la segunda vez que le puso los pitones en el pecho. Morante tiró por la calle de enmedio, cogió la de matar, pero como el hombre no atraviesa su mejor momento con los aceros, la bronca se oyó en la Puerta de Alcalá.

Hubo un amago de hacerse perdonar entrando en quites con el tercero de la tarde. De hecho, Madrid rugió con un par de verónicas, lo que provocó un alto el fuego a la espera del cuarto. Y en ese cuarto, también castaño, otro torazo descomunal de nombre Ollero, Morante sale muy decidido con el capote, pero el toro no se emplea y hasta paree que topa más que embiste. Tragando mucho y solemnizando el toreo en redondos sin éxito, intenta el natural a un toro que se confirma ya como totalmente vacío de bravura y con una estocada en los blandos precedida de un pinchazo, la tarde segunda de Morante en este San Isidro se da por finalizada.  

Y salió el quinto juampedro de la tarde, el de más peso de todos, con 672 kilos y que era el que menos gustaba en el sorteo. El susodicho Rebeco cumple con creces en el caballo y a los capotes acude humillando y con clase. Talavante lo ve claro y, sin tantearlo, se pone a estatuarios para enlazarlo con una sensacional serie al natural. Vaya con el mastodonte feo, cómo mete la cara para provecho de un torero que deja a la improvisación gran parte de su personalidad. El epílogo en una serie de redondos genuflexo termina de poner Las Ventas patas arriba para que levite en un sensacional pase de pecho mirando al tendido. Una tarde más, Alejandro encandilaba a Madrid y si la estocada hubiera herido arriba, el premio habría sido de dos orejas y no sólo de una. En su primero estuvo mejor con el capote mediante delantales, chicuelinas y una buena media. En este toro lució Aguado en un hermoso quite a la verónica, pero Trinador, negro como una noche sin Luna, avisa con el derecho, desarrolla sentido por momentos y Alejandro lo mata como puede. 

Pablo Aguado ha conseguido que Madrid lo espere y eso lo logró cuando tras la apoteosis sevillana de 2019 llevó el silencio a Las Ventas. Y Pablo, ante dos toros absolutamente a contraestilo, dejó su crédito intacto a la par que se consagra como un capotero sensacional. Verónicas en un recital rematado con una media de escándalo a Tamborilero, primero de su lote, y chicuelinas como réplica al quite de Morante a su primero. Su capote de seda ya se ha hecho con un sitio de culto en el toreo y sus verónicas al que cerró plaza fueron como fruto de un sueño. El capote de este torero es sedoso, recortado y dio pie a la esperanza en el sexto, pero el palco no accedió a la petición de cambio de tercio y Pasajero se acabó muy pronto. Pero Pablo tiene el duro, Madrid lo sabe y lo cambiará en cualquier momento, quizás el 8 de junio. Ojalá.

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