Tarde de rejones

Balcón de sol

Las imágenes de la corrida de rejones
Las imágenes de la corrida de rejones / Juan Carlos Muñoz
José García-Carranza

15 de abril 2024 - 00:22

EN mi juventud, la tradicional corrida de rejones se celebraba el Domingo de Feria por la mañana. Era una corrida a la que el abonado no solía ir. El abono se daba a la esposa para que fuese con los niños. Cuántos niños, hoy excelentes aficionados, no iniciaron su andadura taurina una mañana de Feria. De un público entendido y exigente se pasaba a un público festivo y agradable. Como resultado, se cortaban abundantes orejas y el triunfo estaba asegurado. Con el tiempo, el público de una corrida de toros se va pareciendo al de una corrida de rejones. El aficionado es cada vez más escaso y va siendo sustituido por un público amorfo, desconocedor en general, aunque aparente lo contrario, de las claves de la fiesta y que solo quiere disfrutar. Este cambio está detrás de la poca exigencia y pérdida de identidad de la plaza que, año tras año, denunciamos los aficionados.EN mi juventud, la tradicional corrida de rejones se celebraba el Domingo de Feria por la mañana. Era una corrida a la que el abonado no solía ir. El abono se daba a la esposa para que fuese con los niños. Cuántos niños, hoy excelentes aficionados, no iniciaron su andadura taurina una mañana de Feria. De un público entendido y exigente se pasaba a un público festivo y agradable. Como resultado, se cortaban abundantes orejas y el triunfo estaba asegurado. Con el tiempo, el público de una corrida de toros se va pareciendo al de una corrida de rejones. El aficionado es cada vez más escaso y va siendo sustituido por un público amorfo, desconocedor en general, aunque aparente lo contrario, de las claves de la fiesta y que solo quiere disfrutar. Este cambio está detrás de la poca exigencia y pérdida de identidad de la plaza que, año tras año, denunciamos los aficionados.

El toro ha pasado de ser el centro del espectáculo a ser el colaborador necesario

La corrida de rejones, tal y como está concebida ahora, no tiene nada que ver con el rejoneo primigenio de los tiempos de Cañero, Pepe el Algabeño o Belmonte. Era este un rejoneo campero, racial y arcaico. De garrochas y caballos cruzados, monturas vaqueras y gamarras, camperas chaquetillas y marselles anudado a la perilla. La corrida de rejones, como tal, no existía, el rejoneador participaba en la lidia ordinaria junto con los matadores anunciados y sorteaba, como uno más, el toro que le tocaba en suerte, por supuesto en puntas. No se podía permitir el rejoneador los quiebros, piaffe, cabriolas y restantes destrezas habituales hoy en día. El toro en puntas no lo permitía. Era, sin lugar a dudas, un rejoneo de mucha emoción, la emoción que da el toro, pero muy alejado de la virtuosidad de los actuales rejoneadores.

El rejoneo moderno ha alcanzado unas cotas de perfección inimaginables. El toro ha pasado de ser el centro del espectáculo a ser el colaborador necesario para que los rejoneadores muestren su destreza en la monta de unos caballos, fruto de una gran selección, muy alejados de aquellas jacas camperas de los primeros rejoneadores. Hoy, Diego Ventura nos ha deslumbrado una vez más. De gallito decían, por su gran conocimiento, que parecía lo había parido una vaca. De Ventura se podría decir lo mismo solo que de una yegua. Le toco el mejor toro -para rejones, se sobreentiende- un toro noble y dulce con más recorrido que sus hermanos. Desde que lo recibió en el centro del ruedo, parándolo, pasando por las banderillas que puso de frente y el par final de banderilla que puso, en un alarde de doma, con el caballo sin cabezada fue una demostración de monta, temple y torería. Mató de un rejón fulminante y corto, muy merecidamente, con la plaza entregada, dos orejas. Guillermo Hermoso de Mendoza también rayó a una gran altura si bien los toros no le ayudaron. Me gustó especialmente, por su dificultad, cómo citó de frente para clavar el rejón en su último toro. Sergio Galán estuvo correcto toda la tarde si bien mató mal y por eso, quizás, no cortó ninguna oreja. Me gustó especialmente cómo esperó a su segundo, metiéndose en la puerta de chiqueros, en una escena valiente y añeja que me recordó al rejoneo campero de Javier Buendía Garrocha en mano.

Mañana vuelven las corridas, si bien me temo seguirá el público de rejones.

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