Triunfo de Ponce en una goyesca sin fuste por la falta de toros en Guadalajara

El valenciano corta dos orejas e Iván Fandiño y Daniel Luque consiguen un trofeo cada uno

Enrique Ponce.
Enrique Ponce.
Efe Guadalajara

04 de abril 2016 - 01:00

El diestro Enrique Ponce, con dos orejas, salió a hombros en la goyesca matinal de Guadalajara, una corrida sin fuste por falta de toros, en la que Iván Fandiño y Daniel Luque lograron también un apéndice cada uno. Se lidiaron toros de El Ventorrillo, el primero como sobrero, de desiguales hechuras y, aunque noblotes, apenas aportaron por su escasez de raza y fuerzas. Quinto y sexto, para colmo, desarrollaron complicaciones. Enrique Ponce, oreja y oreja. Iván Fandiño, oreja y ovación tras aviso. Daniel Luque, oreja con petición de la segunda y silencio tras aviso. La plaza registró casi tres cuartos de entrada en mañana fresca y gris, y con lluvia intermitente.

Goyesca de Primavera por el 125 aniversario del nacimiento de Saleri II en la capital de la Alcarria, aunque, a tenor del clima fresco, gris y lluvioso, recordó más al otoño de final de temporada. La deslucida corrida de El Ventorrillo no aportó nada, se cortaron hasta cuatro orejas, trofeos de lo más benévolos por el poco espectáculo que hubo en el ruedo. El primero de Ponce fue devuelto por inválido y fue sustituido por un sobrero más chico e igual de endeble que el titular. Ese toro medio, bobalicón y sin raza suele ser el ideal para Ponce, que brindó al público una faena en la que la suavidad y la compostura del inicio dieron paso a un toreo limpio y fácil, aunque periférico y carente de emoción. El cuarto, extremadamente soso. Ponce quiso mucho y, a base de medios pases a media altura, logró hilvanar otra faena decorosa, sin estrecheces.

El primer toro de Fandiño, de más movilidad, nunca se entregó, sin clase, protestando y echando la cara arriba. El de Orduña alternó los dos pitones en una faena de entrega y voluntad. El quinto, con complicaciones en la muleta, frenándose y volviéndose. La apuesta de Fandiño apenas tuvo recompensa.

Luque logró cosas con su primero, que no podía ni con su alma. Sucesión de medios pases a destajo, los mejores, por destacar algo, algunos al natural. El proyecto de luquecinas finales metió al público en el canasto.

Cerró plaza un jabonero de bruscas e inciertas acometidas, al que Luque, que lo recibió con una larga de rodillas, instrumentó una labor enrazada, de no dejarse ganar la partida, pero el sartenazo con el que despachó al animal le privaría de la salida a hombros.

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