Uceda Leal y El Cid abren la Puerta Grande de Gijón ante 'victorinos'

El madrileño y el sevillano cortan dos orejas cada uno en mano a mano · Corrida interesante de Victorino Martín; al cuarto le premiaron con la vuelta al ruedo

Efe / Gijón

12 de agosto 2012 - 01:00

GANADERÍA: Corrida interesante de Victorino Martín, con un extraordinario cuarto, al que se le dio la vuelta al ruedo. TOREROS: Uceda Leal, oreja, oreja y ovación. Manuel Jesús 'El Cid', silencio, dos orejas y silencio. INCIDENCIAS: Plaza de toros de El Bibio de Gijón. Dos tercios de entrada.

Los diestros Uceda Leal y Manuel Jesús El Cid cortaron dos orejas por coleta y salieron a hombros de El Bibio en el tercer festejo de la Feria de Begoña.

Con el primero de su lote, Uceda Leal brilló en una faena artística con matices de gran sabor, a pesar de la escasa colaboración del toro, noble y escastado, que salió justo de fuerzas. Derrochó elegancia en una lidia que culminó con una gran estocada que valió una oreja. El de Usera, artista como siempre, recibió al segundo que le tocó en suerte con verónicas que llegaron a los tendidos, Con lentitud y maestría, exprimió al morlaco por el pitón izquierdo con cuatro series de naturales largos y llevando al toro entre algodones, que se mostró escaso de fuerzas. Una estocada superior, le aseguró al madrileño la Puerta Grande de El Bibio. Con su último, cuajó otra buena faena con largas series de naturales de gran valor artístico. Pero el fallo con la espada hizo que el torero no pudiera pasear otro trofeo por el coso gijonés.

Enardecido por el éxito de Uceda en su primer toro, salió El Cid con ganas en su primera lidia, en la que se encontró con un victorino que se revolvía, y al que no consiguió meterlo en la muleta. Aun así, ejecutó buenas verónicas a pies juntos que arrancaron los olés del público. Ante la imposibilidad de sacar faena, entró a matar, pero tampoco tuvo suerte con los aceros. Se resarció el diestro en su segunda faena, en la que se mostró espléndido e inspirado de principio a fin. Ofreciendo a los tendidos momentos de gran calidad estética, encontró el sevillano un morlaco de vuelta al ruedo. Extraordinario toro, que embestía con emoción, y se arrancaba desde lejos. Pleno de arte y con un toreo templado, El Cid cuajó series de muletazos y naturales profundos y cargados de sentimiento. El público pletórico pidió dos orejas de ley, que fueron concedidas. El último toro de la tarde fue complicado y de embestida irregular. El diestro se mostró valiente y ejecutó muletazos de calado, pero no pudo cuajar faena.

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