Toros

¡El lobo!... ¡Qué viene el lobo!

  • Una Ley y la Cultura no serán suficientes para salvar las corridas de toros Los protagonistas de la Fiesta han sido torpes y no han visto cómo el enemigo les acechaba

¡Es que no salgo de mi asombro! ¡Un milagro detrás de otro! Después de casi trescientos años compartiendo la Cultura Ibérica Taurina definida por algunos, con muy mala leche, como la "cultura residual de España", injertada, con sus peculiaridades, en las américas y Francia, ¡por fin!, la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados aprobó el día 2 de octubre de 2013 un texto definitivo para una proposición de Ley para la consideración de la Tauromaquia como Patrimonio Cultural Inmaterial español digno de protección en todo el territorio nacional, presentada a través de la ILP -Iniciativa Legislativa Popular- por la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña.

Pero es que el miércoles día 6 a las 18:21 horas y tras cuatro horas de intenso debate el Parlamento llegó a la aprobación final de la Propuesta de Ley para la Regulación de la Tauromaquia como patrimonio cultural, sacado adelante con los 144 votos del PP, en una brillante defensa del senador Sebastián Ruiz. EL PSOE, ya saben, se abstuvo, con su política equidistante, como en el día 2, con eso de ni bravos ni mansos sino todo lo contrario y al toque de trompeta de su jefe, todos miraron para otro lado, con el no rotundo de los restantes partidos de la izquierda… ¡Ojo!.. Siempre que éstos, los de las pancartas, no se nos vayan al Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo y pase como con los asesinos de ETA. Cuando tengamos la Ley, ninguna Comunidad Autónoma de España podrá legislar en contra de la celebración de las corridas de toros. También sería bueno, pienso yo, que con la próxima Ley se deberían unificar los infinitos Reglamentos Taurinos en vigor en las comunidades. Cada uno de estos Reglamentos ha legislado a su aire y gusto y su complejidad y normas vigentes hacen imposible saber cuántas orejas hay que cortar para salir por la puerta grande o cuándo hay que indultar, dónde están las responsabilidades, si del alcalde en los palcos o si los otros; en fin que como dijo alguien "en las cuadrillas ahora además deberá ir un asesor jurídico" para dilucidar estos entuertos taurinos con viejas políticas de campanarios.

Pero, ¿acaso hay algo más popular en España en lo festivo que la fiesta de los toros? … Quizás… ¿No llega algo tarde?... Es curioso, como las prohibiciones a través de la historia han hecho caminar con más fuerza a la Fiesta. Quién nos iba a decir que, gracias a otra prohibición, con la llegada del primer Borbón, el francés Felipe V, en el último tercio del S.XVIII por el peloteo de la nobleza y los nuevos gustos de las caras empolvadas y peluquines el éxodo de estos a sus cuarteles de invierno, a sus grandes fincas, la ostentosa Fiesta de Toros nobiliaria en la que el pueblo, aunque la veía, ni pinchaba ni cortaba se habría de convertir en una Fiesta popular. Otra prohibición, esta mas reciente, durante la dictadura del General jerezano, Primo de Rivera en 1927, por la mortandad de caballos en la corrida, se inventó el peto que vino a cambiar el desarrollo de la lidia en la Fiesta Más Nacional así bautizada por el malagueño, Conde de las Navas, Juan Gualberto López-Valdemoro y Quesada (1855-1935), por cierto, bisabuelo del conocido Bertín Osborne.

La Fiesta siempre tuvo detractores de brillante pluma: Manuel Vicent, Julio Caro Baroja (sobrino de don Pío), Jovellanos, Eugenio Noel, Unamuno, Azorín, Joaquín Costa; un europeísta como Francisco Giner de los Ríos. Ramón Menéndez y Pelayo defendía dejar en libertad a los españoles para que descubran su auténtica personalidad. Y, la réplica en sus defensores que gritaban "Pero como puede ser inculta una Fiesta de toros que interesó a James Joyce, a Bizet, a Valle Inclán, a Octavio Paz, a Ortega y Gasset, Dalí y Miró, Alberti a Goya!" ¡¡Cómo puede ser síntoma de barbarie la Fiesta que apasionó a Federico!

Tenía razón nuestro poeta más universal cuando afirmaba: "Creo que los toros es la Fiesta más culta que hay en el mundo". José Bergamín nos dejaba esta sentencia. "Todo el que no puede ver el toreo, no lo podrá entender jamás, por falta, no por sobra de sensibilidad verdadera, de clarividencia". Ramón Pérez de Ayala añadió: "Si yo fuera dictador de un plumazo quitaba la fiesta de los toros; pero como no lo soy, no me pierdo ninguna".

Hoy corren malos tiempos para la Fiesta. En Lima (Perú) sólo hace unos días a la plaza de Acho los antitaurinos con extrema violencia le han pegado fuego. En ¡Sevilla! cada tarde de corrida grupos incontrolados enarbolando pancartas con "toreros asesinos" se manifiestan con violencia sin el menor respeto a los demás. Pero también los genuinos protagonistas de la Fiesta: toreros, ganaderos, empresarios y ese enjambre de parásitos a su alrededor que viven de ella tendrán que entonar su mea culpa. Nunca creyeron en eso…¡¡Qué viene el lobo!!... Han campado todos de espaldas a la Fiesta, enquistados en sus respectivas parcelas, olvidándose de la gallina de los huevos de oro. Han sido torpes. El lobo lo tenían en casa. Olfateaba su presa por los despachos entre el humo aromático de los caros habanos. El lobo se movía acechante y taimado esperando su oportunidad por las cloacas de todos los callejones de todas las plazas de toros.

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