Dos orejas para El Juli en su enfrentamiento con José Tomás

Julián López 'El Juli', en su salida a hombros, ayer, de la plaza de toros de Illumbe de San Sebastián.
Julián López 'El Juli', en su salida a hombros, ayer, de la plaza de toros de Illumbe de San Sebastián.
P. Aguado (Efe) San Sebastián

15 de agosto 2016 - 01:00

SEGUNDA DE LA SEMANA GRANDE DE SAN SEBASTIÁN Ganadería: Dos toros, reglamentariamente despuntados para rejones, con la divisa de Fermín Bohórquez en primero y cuarto lugar, bien presentados y de escasa raza y fondo; y cuatro de los hierros de Domingo Hernández y Garcigrande (el tercero como sobrero), de correcta presencia y de dispares prestaciones. Destacó, por su bravura y clase, el tercero, TOREROS: Pablo Hermoso de Mendoza, tres pinchazos y medio rejonazo contrario (silencio); rejonazo trasero (ovación tras petición de oreja). José Tomás, dos pinchazos, estocada atravesada y tres descabellos (ovación); pinchazo y estocada trasera desprendida (oreja tras aviso). El Juli, estocada desprendida (dos orejas); estocada caída (silencio). Salió a hombros por la puerta grande. INCIDENCIAS: Plaza de toros de Illumbe de San Sebastián. No hay billetes, en tarde de calor bochornoso. El rey emérito asistió a la corrida desde un palco del callejón, acompañado por la Infanta Elena y sus nietos Felipe Juan Frolián y Victoria Federica. Hermoso y El Juli les brindaron las faenas de sus primeros toros.

El diestro madrileño Julián López El Juli, que cortó dos orejas al tercer toro por una faena de recursos, salió ayer a hombros en San Sebastián tras su enfrentamiento con José Tomás, que obtuvo solo una oreja, pero realizó el toreo de más ajuste y compromiso de la tarde.

Dos conceptos opuestos del toreo se enfrentaban en la plaza de toros de San Sebastián, en el que sobre el papel era uno de los festejos estelares de la temporada y ante la misma mirada del rey emérito y sus descendientes más taurinos, que volvieron a desplazarse al País Vasco para apoyar la Fiesta de los toros.

Al final, se impuso en el marcador el concepto de El Juli, un torero de larga trayectoria que saca partido de una mayoría de toros a base de un sinfín de recursos lidiadores y de muchas tablas de cara al público, y para el que fue, además, el mejor toro de la corrida.

El ejemplar de la ganadería de Garcigrande no estaba anunciado como titular, sino que salió de sobrero Gracigrande para sustituir al derrengado tercero. Y tuvo, sobre todo por el pitón izquierdo, bravura, clase, entrega y recorrido en todas sus embestidas.

La faena que le hizo El Juli se basó en la variedad de suertes, desde unos lances ligeros y un quite agitado con la capa, hasta los alardes en las cercanías a final de obra, que fueron precisamente los que más calentaron al tendido para que se produjera la petición del doble trofeo.

Pero entre ambos momentos de mayor conexión hubo series de muletazos marcados por cierta brusquedad en los cites y en el trazo, aunque con la virtud de una férrea y tensa quietud frente a la calidad de un toro con el que sólo a última hora, y en especial en un soberbio cambio de mano, se relajó el diestro madrileño, quien ya no pudo rematar bien la tarde con el muy deslucido sexto.

Como estrella del cartel y de la feria, José Tomás mantuvo ante su lote la misma filosofía que le ha hecho famoso: la de un toreo de gran intensidad, siempre desplegando la pureza y la más estricta sinceridad por bandera.

Sólo que esta vez a sus dos toros les faltó raza y entrega para responder en la misma medida al intenso y exigente toreo del de Galapagar, que tuvo que poner casi todo de su parte para no defraudar al público que a su reclamo va a llenar los cuatro festejos de la feria.

Los fallos con la espada le privaron ya de un trofeo de su primero, que se apagó demasiado pronto y al que le hizo una faena limpia y templada, aunque sin lograr el clamor del tendido.

José Tomás tuvo, pues, que echar el resto con el quinto, al que saludó con unos deslumbrantes lances rodilla en tierra seguidos de unos sutiles lances al delantal y dos inmensas medias verónicas, más un apurado quite por gaoneras al que replicó Juli por airosas zapopinas.

Pero hasta ahí duró la entrega del toro de Gracigrande, que comenzó ya a pararse en los estatuarios con los que el madrileño abrió una faena en la que tuvo que acabar metiéndose casi entre los pitones para sacar, uno a uno, unos excelentes, largos y templados naturales en los que se pasó las astas muy cerca de los bordados de la taleguilla.

Aun a costa de una volterera sin mayores consecuencias, José Tomás construyó así una impensable faena a un toro muy a menos, pero al que acabó cortando una oreja de mucho valor.

Antes de todo ello, abrió plaza el rejoneador Hermoso de Mendoza, quien, por culpa de dos toros de nulo fondo que apenas siguieron a sus caballos, no pudo pasar de servir como telonero de lujo a un duelo torero de más baja intensidad que la prevista.

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