Dos orejas para Padilla en Gijón con un toro de vuelta al ruedo

El jerezano salva una tarde que fue de silencios para los mediáticos Fandi y El Cordobés

Juan José Padilla, con las dos orejas del quinto toro de la suelta, ayer en la plaza de toros del Bibio de Gijón.
Juan José Padilla, con las dos orejas del quinto toro de la suelta, ayer en la plaza de toros del Bibio de Gijón.
Efe / Oviedo

15 de agosto 2014 - 01:00

La primera faena de El Cordobés duró un suspiro, lo mismo que el toro al que se enfrentó, un animal sin fuerza alguna con el que no le quedó más remedio que abreviar tras intentarlo sin fortuna en las probaturas.

Tampoco tuvo consistencia su labor ante el cuarto de la suelta, otro animal flojo y huidizo al que El Cordobés recetó algún pase suelto de cierto buen corte, mas el conjunto de la labor careció de ritmo y unidad. Al igual que en su primero, El Cordobés fue silenciado al término del trasteo.

A Juan José Padilla le correspondió, en primer lugar, un toro noble y manejable al que cuajó una faena vibrante desde el saludo de capote con dos largas cambiadas en el tercio. Banderilleó con variedad y soltura el jerezano, que instrumentó a continuación una faena de tanta entrega como calado en los tendidos de la plaza gijonesa. Sin embargo, lo estropeó todo con su fallo a espadas, quedando todo en una calurosa ovación.

En el quinto de la suelta se obró el milagro. Asomó por chiqueros un gran toro, el único que se prestó de toda la corrida, y Padilla hizo honor a su apodo de Ciclón de Jerez para instrumentar una faena que hizo despertar los tendidos, sumidos en el más absoluto aburrimiento hasta ese momento.

El toro tuvo ritmo en sus embestidas y, algo importante, codicia y repetición, y Padilla, que volvió a banderillear con brillantez, llevó a cabo una labor de notable intensidad, de tono creciente desde los muletazos largos y ligados sobre ambas manos a las manoletinas y abaniqueos finales.

La gente vivió la faena con mucho entusiasmo, tanto que no tuvieron en cuenta los dos descabellos que requirió para concederle las dos orejas de un toro premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.

El Fandi anduvo desmotivado ante su primero sin raza, con el que ni siguiera cumplió en banderillas. La faena de muleta estuvo presidida por la falta de acople del granadino ante un astado de muy poca transmisión, lo que propició que la faena no despegara en ningún momento.

No mejoró su versión frente al sexto, al que pasó por uno y otro pitón en una labor sin alma que fue nuevamente silenciada.

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