desde el fénix

Los pecados de la Iglesia

José Ramón Del Río | Actualizado 13.05.2010 - 01:00
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EN su visita al santuario de Fátima, el Papa, Benedicto XVI, ha declarado que las mayores persecuciones de la Iglesia no vienen de fuera de ella, sino de los pecados que hay dentro de ella. No hay duda que con ello se está refiriendo a los abusos sexuales a menores, presuntamente cometidos por sacerdotes y religiosos y que vienen desvelándose de un tiempo a esta parte, con la natural resonancia mediática. No se trata, por tanto, de que los medios de comunicación hayan instrumentalizado el escándalo de la pederastia en la Iglesia, como si se tratara de una actuación más del periodismo de investigación, porque el problema, en mayor o menor medida, estaba ahí, como saben todos los que se han educado en colegios religiosos.

La Iglesia Católica ha sufrido históricamente muchas persecuciones. Así, Nerón echa la culpa a los cristianos del incendio de Roma y tienen lugar los martirios de Pedro y Pablo y de un millar de cristianos. Luego, Domiciano, Diocleciano y, cuando la religión cristiana se legaliza en el año 313, con el Decreto que dicta en Milán, Constantino, la persiguen sucesivamente los persas, los visigodos, vándalos y el Imperio Otomano. Persecuciones son también, al fin y al cabo, las herejías de Lutero y Calvino y la creación por Enrique VIII de la Iglesia Anglicana. Para ser justos, hay que reconocer que los hombres de la Iglesia no siguieron el mandato evangélico de poner la otra mejilla, como bien demuestran las matanzas de protestantes o presuntos herejes en San Bartolomé; la de los Hugonotes; y las cometidas por Hasburgos y jesuitas en Bohemia, Austria, Hungría y Polonia y, como remate, con la Inquisición.

La declaración del Papa, complementada por la consideración de que "el perdón no sustituye a la justicia" es de una enorme valentía, muy alejada de los pacatos argumentos que usan tantos "meapilas". Centrado así el debate, es fácil distinguir en la Iglesia entre los errores propios de los hombres y los aciertos debidos a la inspiración de Dios y, después de esto, considerar que los pedófilos son una minoría y que la inmensa mayoría de los que consagran su vida a Dios realizan una tarea impagable a toda la sociedad, incluidos los no creyentes. Precisamente el fundador de una orden, que es la que hoy tiene más vocaciones y centros de religiosidad, fue suspendido por este mismo Papa, por conducta inapropiada en un sacerdote, lo que viene a demostrar que son los hombres y no la Iglesia, como institución divina, los que fallan, y así sigue vigente el viejo refrán castellano de que "Dios escribe derecho, con renglones torcidos".
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